¿Qué es la anosmia? Por qué perder el olfato importa más de lo que crees

De los cinco sentidos, el olfato es el que la gente dice que renunciaría primero, situándolo por debajo de la vista, el oído, el gusto y el tacto. Sin embargo, quienes realmente lo pierden describen un mundo empobrecido, a veces desorientador. Un reportaje de Ars Technica examina la anosmia, la pérdida del olfato, y explica por qué un sentido largamente considerado menor resulta importar mucho.
La anosmia puede ser total o parcial, temporal o permanente. Surge de muchas causas: infecciones virales, traumatismos craneales, enfermedades nasales y de los senos, ciertas afecciones neurológicas y, en algunos casos, ninguna razón identificable. La pandemia de COVID-19 elevó drásticamente la conciencia pública, ya que la pérdida súbita del olfato se convirtió en uno de los síntomas más reconocibles de la enfermedad y dejó a algunas personas con problemas persistentes.
Lo primero que la gente nota suele ser la comida. Gran parte de lo que llamamos sabor es en realidad olfato; la lengua solo detecta gustos básicos como dulce, salado, ácido, amargo y umami, mientras que la nariz aporta la riqueza y la complejidad. Cuando el olfato desaparece, las comidas pueden sentirse planas y sin gracia, lo que a su vez puede afectar al apetito, la nutrición y el simple placer de comer.
La seguridad es una preocupación menos obvia pero seria. El olfato nos advierte del peligro, incluidos el humo, las fugas de gas y los alimentos en mal estado. Las personas con anosmia pueden perder por completo estas señales, y el reportaje señala que esta pérdida de un sistema de alerta temprana es uno de los peligros prácticos que convierten la afección en algo más que una mera molestia.
También hay una profunda dimensión emocional. El olfato está estrechamente conectado con los centros cerebrales de la memoria y la emoción, por lo que un olor concreto puede evocar un recuerdo vívido en un instante. Perder ese canal puede sentirse como perder una conexión con el pasado y con otras personas, y algunos que experimentan anosmia describen una sensación de desapego o un ánimo bajo que sorprende a quienes los rodean.
Una variante especialmente angustiosa es la parosmia, en la que los olores se distorsionan en lugar de ausentarse. Alimentos y aromas cotidianos pueden adquirir cualidades desagradables, convirtiendo experiencias corrientes en suplicios. La parosmia suele aparecer cuando el olfato empieza a recuperarse tras una infección, y puede resultar más perturbadora que la pérdida original.
Durante mucho tiempo, la medicina prestó relativamente poca atención al olfato. Era más difícil de medir que la vista o el oído, y los tratamientos eran limitados. Eso ha empezado a cambiar. Los investigadores han desarrollado mejores formas de evaluar el olfato, y ha crecido el interés por cómo funciona el sistema olfativo y cómo podría repararse, impulsado en parte por la ola de casos relacionados con la pandemia.
Uno de los avances más esperanzadores es el entrenamiento olfativo, una técnica en la que las personas huelen repetidamente un conjunto de aromas distintos durante semanas o meses para ayudar al sistema a recuperarse. No funciona en todo el mundo y los resultados varían, pero refleja un reconocimiento más amplio de que el sistema olfativo tiene cierta capacidad de regeneración, algo inusual entre las vías sensoriales del cuerpo.
Comprender el olfato también tiene un valor científico más allá de tratar su pérdida. El sistema olfativo es una ventana a cómo el cerebro procesa la información, forma recuerdos y vincula la sensación con la emoción. Estudiar qué ocurre cuando falla puede iluminar cómo funciona cuando opera con normalidad.
El mensaje más amplio del artículo de Ars Technica es una revalorización. El olfato ha sido tratado como el sentido prescindible, pero para quienes lo pierden, los efectos alcanzan la alimentación, la seguridad, la memoria y el estado de ánimo. A medida que avanza la investigación, la anosmia se reconoce no como una queja trivial sino como una verdadera afección médica, que merece la atención de la que careció durante tanto tiempo.
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