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Por qué casi todas las nuevas plantas de energía en EE. UU. este año funcionan con energía solar

Ars Technicahace 55 min
Un campo de paneles solares en un paisaje rural
Un campo de paneles solares en un paisaje ruralPhoto: Mark Stebnicki / Pexels

Una de las formas más directas de entender la trayectoria energética de un país es observar exactamente qué nuevas plantas de energía entraron en operación ese año. Para Estados Unidos este año, esa lista revela un patrón que deja poco margen para el debate: casi todas las nuevas instalaciones importantes funcionan con energía solar.

El análisis, basado en datos energéticos federales, examina cada planta, de cualquier escala, que entró en operación este año. El resultado es inequívoco: las instalaciones solares a escala industrial representan la abrumadora mayoría de la nueva capacidad añadida, dejando muy atrás a las fuentes de energía competidoras.

En segundo lugar, detrás de la solar, se encuentra el almacenamiento en baterías. Eso no es una coincidencia: a medida que crece la proporción de fuentes intermitentes como la solar y la eólica, se esperaba que la red necesitara cada vez más capacidad de almacenamiento para suavizar las fluctuaciones a lo largo del día. Los datos muestran que esa expectativa se ha convertido en realidad.

Las plantas de combustibles fósiles quedan muy por detrás en esta lista. Sigue añadiéndose nueva capacidad de gas natural, pero en volúmenes muy inferiores tanto a la solar como a las baterías. En el caso del carbón, la nueva capacidad es prácticamente inexistente, lo que confirma un declive que lleva años produciéndose en el sector.

Varios factores explican este panorama. El costo de los paneles solares ha caído de forma drástica en la última década, haciendo que la energía solar sea más barata que construir nueva capacidad de gas natural en muchas regiones. Los proyectos solares también pueden planificarse y construirse considerablemente más rápido que las grandes instalaciones de combustibles fósiles.

Los incentivos regulatorios también juegan un papel. Los créditos fiscales y los objetivos de energía limpia a nivel estatal están orientando a los inversores hacia proyectos solares y de baterías. Los analistas señalan, sin embargo, que incluso si esos incentivos desaparecieran, la ventaja de costos de la energía solar probablemente seguiría haciéndola atractiva por sí sola.

Si este cambio tiene un costo para la fiabilidad de la red es uno de los puntos más observados del debate. Los críticos sostienen que una proporción creciente de fuentes intermitentes como la solar y la eólica podría poner en riesgo la estabilidad de la red, particularmente durante períodos nublados o con poco viento. Los defensores responden que la capacidad de almacenamiento en baterías crece al mismo ritmo, compensando ese riesgo.

Los datos también apuntan a disparidades regionales. La mayor parte de la nueva capacidad solar se concentra en estados con alta exposición solar, lo que también está reconfigurando la distribución geográfica de la generación de energía en todo el país.

Los expertos subrayan que el panorama de este año no es una anomalía puntual, sino la continuación de una tendencia de varios años. La energía solar y las baterías, que representaban una proporción relativamente pequeña de las nuevas construcciones hace solo unos años, ahora constituyen la abrumadora mayoría de la nueva capacidad energética estadounidense.

En definitiva, los datos de este año muestran que la transformación del sector energético estadounidense ya no es un debate teórico, sino una realidad concreta y medible, y una que avanza más rápido de lo que muchos analistas predijeron hace apenas unos años.

Este artículo es un resumen editorial asistido por IA basado en Ars Technica. La imagen es una foto de archivo de Mark Stebnicki en Pexels.

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