La presidenta de Perú, Fujimori, promete una ofensiva militar contra el crimen tras asumir el cargo
La recién investida presidenta de Perú, Keiko Fujimori —la novena mandataria del país en apenas una década—, prometió tras su juramento desplegar a las fuerzas armadas en zonas asoladas por el crimen y adoptar una estrategia de seguridad de mano dura, mientras Perú enfrenta su peor ola de violencia de bandas, extorsión y minería ilegal en décadas.

Apenas juramentada como presidenta de Perú, Keiko Fujimori adoptó un tono duro y prometió enviar a las fuerzas armadas directamente a los barrios azotados por la violencia de bandas, la extorsión y la minería ilegal. Perú ha tenido nueve presidentes en poco más de una década, una inestabilidad que ha agravado la crisis de seguridad del país.
La nueva mandataria describió un plan de despliegue militar dirigido tanto a los asentamientos periféricos de Lima como a las zonas de minería ilegal de oro en la Amazonía, presentándolo no como una medida temporal de estado de emergencia sino como lo que llamó una arquitectura de seguridad duradera. Las tropas actuarían junto a la policía en los distritos con más criminalidad.
Gobiernos anteriores ya intentaron ofensivas similares sin éxito duradero, y las organizaciones de derechos humanos advierten sobre el riesgo de uso excesivo de la fuerza en despliegues militares. Cómo equilibre esas tensiones el gobierno de Fujimori será una primera prueba de su mandato.
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