Una exministra de Sanidad británica con cáncer terminal pide a los diputados que no vuelvan a presentar el proyecto de ley sobre la muerte asistida

La exministra británica de Sanidad Ashley Dalton, tras anunciar su diagnóstico de cáncer terminal, ha intervenido en el debate público pidiendo al Parlamento que no vuelva a poner sobre la mesa el proyecto de ley sobre la muerte asistida. En una entrevista con The Guardian, Dalton dijo: 'aunque estoy viviendo mi propia experiencia -- y quizá precisamente por ello -- creo que este proyecto no debe volver a presentarse.'
Dalton, de 64 años, es una exmédica que ejerció como diputada del Partido Laborista en el equipo de Sanidad en 2024. Había compartido con su familia y su circunscripción que recibió un diagnóstico de cáncer de mama en fase avanzada en la primavera de 2025; en mayo de 2026 informa que la respuesta al tratamiento ha sido limitada. 'Los médicos me dijeron que el tiempo que me queda está entre 6 y 18 meses', dijo; el anuncio aporta una dimensión personal importante al debate parlamentario sobre la muerte asistida.
El proyecto de ley sobre la muerte asistida -- oficialmente el 'Terminally Ill Adults (End of Life) Bill' -- fue rechazado en noviembre de 2024 por la Cámara de los Comunes en segunda lectura por 330 votos a 270. Patrocinado por Kim Leadbeater (Partido Laborista), el texto habría ofrecido a los adultos con una enfermedad terminal, con el visto bueno de dos médicos independientes, la posibilidad de poner fin a su vida con su consentimiento. Tras el rechazo, Leadbeater anunció su intención de presentar una nueva versión revisada a finales del verano de 2026.
La intervención de Dalton pone de relieve un ángulo raro en el debate sobre la 'muerte asistida': alguien que encaja en la situación contemplada por el proyecto se opone a él. 'Mi cáncer es muy agresivo y me han dicho que el tiempo que me queda es corto. Aun así, no considero esto una opción para mí misma y no quiero que la opción se enmarque jurídicamente para otros pacientes', dijo Dalton. Su argumento es sociológico, más que médico: 'La existencia de la ley generaría presión sobre pacientes que no la desean realmente, pero que no quieren sentir que son una carga para sus familias.'
El argumento de Dalton se alinea estrechamente con las posiciones defendidas en los últimos meses por el Royal College of Physicians y por las organizaciones británicas de derechos de las personas con discapacidad que se oponen a la muerte asistida. Esas instituciones sostienen que la pura medición del consentimiento de los pacientes terminales es clínicamente difícil, y que la presión económica y emocional siempre entra en escena como 'factor oculto'. Dalton citó explícitamente el posicionamiento de 2024 del Royal College.
Del otro lado, la campaña 'Dignity in Dying' a favor del proyecto de ley emitió un comunicado en el que expresa respeto por la intervención de Dalton. La directora ejecutiva de la campaña, Sarah Wootton, dijo: 'la experiencia personal de Ashley Dalton es extremadamente difícil y respetamos profundamente su punto de vista. Pero muchas otras personas que viven con una enfermedad terminal quieren que la opción exista; por eso el proceso legislativo debe ser un debate en el que estén representadas distintas voces.'
Las encuestas nacionales muestran que el proyecto de ley sobre la muerte asistida cuenta con un amplio respaldo público. En un sondeo de YouGov de mayo de 2026, el 62 % de los adultos británicos apoyaba el texto, el 25 % se oponía y el 13 % decía 'sin opinión'. A nivel parlamentario, sin embargo, los votos de los diputados no son tan nítidos como el sentir público; muchos diputados invocan convicciones personales o razones religiosas para convertir esto en un 'voto de conciencia'.
A modo de comparación internacional, la muerte asistida es legal en países como Bélgica (2002), Países Bajos (2002), Luxemburgo (2009), España (2021) y Nueva Zelanda (2019). Es legal en algunos estados australianos y a nivel federal en Canadá (2016). La ley canadiense 'Asistencia Médica para Morir' (MAID) y sus recientes ampliaciones -- en especial el debate sobre extenderla a personas con enfermedad mental -- han intensificado las preocupaciones internacionales sobre la 'pendiente resbaladiza'; el argumento de Dalton también se nutre de estas experiencias internacionales.
La Dra. Hannah Pendry, especialista en cuidados paliativos en el Kingsley Hospital de Londres, dijo a The Guardian: 'el sector de los cuidados paliativos necesita inversión antes que el proyecto de ley sobre la muerte asistida. El presupuesto anual del NHS para clínicas paliativas se ha reducido un 14 % en términos reales de 2020 a 2025; si los pacientes pudieran acceder a cuidados paliativos de calidad, desaparecería una parte significativa de la demanda de muerte asistida.'
El momento del regreso a la agenda del proyecto revisado de Kim Leadbeater es políticamente delicado. El final del verano de 2026 marca el segundo año del Gobierno laborista; un periodo decisivo para la dinámica interna del partido y la confianza pública. El primer ministro Keir Starmer expresó personalmente su apoyo al texto en el pasado, pero la oposición de figuras internas del partido como Dalton implica que el Gobierno no debe desviarse de su decisión de dejar esto como voto de conciencia. Cómo gestionará el Parlamento la cuestión en los próximos meses sigue siendo incierto; el énfasis se pone en representar distintas voces en un debate clínico y social equilibrado.