Historia

Qué fue de los huesos de los millones de bisontes americanos sacrificados

JSTOR Dailyhace 1 h
Un paisaje de pradera que se extiende hasta el horizonte en las Grandes Llanuras
Un paisaje de pradera que se extiende hasta el horizonte en las Grandes LlanurasPhoto: Gus Flier / Pexels

Hacia finales del siglo XIX, las manadas de bisontes que en su día recorrían las Grandes Llanuras de Norteamérica, estimadas en cerca de 30 millones de individuos, se habían derrumbado a apenas unos cientos de animales en el transcurso de unas pocas décadas. La historia de ese colapso suele contarse a través de la explotación de pieles y carne, pero tiene una dimensión menos conocida: qué fue de los huesos que quedaban atrás.

En el apogeo de la caza del bisonte, los cazadores a menudo mataban a los animales únicamente para llevarse la piel, o para recoger partes selectas como la lengua, dejando el resto de la carcasa pudrirse en la llanura. Eso produjo rápidamente enormes cantidades de huesos blanqueados que cubrían amplias extensiones de las llanuras; algunos relatos de la época describen montones de huesos visibles hasta el horizonte.

Esos montones de huesos se convirtieron en una fuente de ingresos inesperada para agricultores y colonos en apuros económicos. Las compañías ferroviarias ofrecían tarifas especiales para recoger y transportar los huesos hacia el este, convirtiendo su recolección en una economía local temporal pero significativa en algunas regiones.

El uso final de los huesos recolectados es quizás la parte más sorprendente. Los huesos se molían y se usaban como fertilizante, exportándose a los estados del este e incluso a Europa para mejorar la productividad de las tierras agrícolas. Eso creó un extraño ciclo en el que la casi total aniquilación de una especie terminaba, por un lado, sosteniendo la producción agrícola por el otro.

Los huesos también eran demandados por las refinerías de azúcar. El carbón de hueso molido se usaba como material filtrante para clarificar y quitar el color al jarabe de azúcar, otro ejemplo de cómo la producción alimentaria industrializada de la época estaba indirectamente conectada con una catástrofe ecológica lejana.

Algunos huesos se procesaban con fines aún más específicos: fabricación de botones, mangos de cuchillo y objetos decorativos. Este tipo de productos ofrecía a los consumidores de la época la posibilidad de poseer un fragmento físico de una especie que entonces estaba desapareciendo, otra señal de cómo la extinción del bisonte se convirtió en sí misma en una especie de mercancía.

Los historiadores subrayan que la escala de este comercio de huesos profundizó aún más el impacto destructivo de la caza del bisonte. La posibilidad de recolectar y vender huesos creó un incentivo económico adicional para la caza, y aun después de que la población de la especie se hubiera derrumbado, se siguió extrayendo valor económico de la región mediante la recolección de los huesos restantes.

Esta historia también forma parte del impacto devastador sobre los modos de vida de los pueblos indígenas. Para muchas naciones indígenas de las Grandes Llanuras, el bisonte era el centro de la alimentación, la vivienda, la vestimenta y la vida espiritual. La destrucción sistemática de las manadas se considera, en parte, una herramienta para forzar a estas comunidades a depender de las reservas.

A principios del siglo XX, los esfuerzos de conservación lograron salvar una pequeña parte de la población de bisontes, y la especie sobrevive hoy en parques nacionales y ranchos privados. Pero la historia del comercio de huesos recuerda cuán extensos fueron realmente los mecanismos económicos detrás de la casi total destrucción de la especie.

Hoy, esta historia se estudia como un ejemplo llamativo de cómo la devastación ecológica se transformó en una serie de actividades económicas entrelazadas: la extinción de una especie convertida en un proceso en el que cada fragmento restante encontraba un mercado.

Este artículo es un resumen editorial asistido por IA basado en JSTOR Daily. La imagen es una foto de archivo de Gus Flier en Pexels.

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