Un día como hoy en 1966: el único Mundial de Inglaterra, y el gol que aún se discute

El sábado 30 de julio de 1966, cerca de 96.000 espectadores llenaron el estadio de Wembley, en Londres, para la final del Mundial entre el anfitrión, Inglaterra, y Alemania Occidental. Inglaterra, organizadora del torneo, disputaba su primera final de Copa del Mundo; Alemania Occidental había sido eliminada en semifinales cuatro años antes.
Alemania Occidental se puso en ventaja pronto, en el minuto 12, por medio de Helmut Haller. Inglaterra empató seis minutos después con un gol de Geoff Hurst. En la segunda parte, Inglaterra se puso por delante gracias a un gol de Martin Peters en el minuto 78, hasta que Wolfgang Weber igualó a 2-2 con un gol en el último minuto del tiempo reglamentario, llevando el partido a la prórroga.
A los once minutos de prórroga llegó el instante que definiría el partido: el disparo de Hurst golpeó el travesaño por su cara inferior y rebotó hacia abajo. No estaba claro si el balón había cruzado por completo la línea de meta; el árbitro Gottfried Dienst, tras consultar al juez de línea soviético Tofiq Bahramov, concedió el gol.
Esa decisión se convirtió en uno de los momentos más debatidos de la historia del fútbol. En las décadas siguientes, análisis fotográficos, simulaciones por ordenador y técnicas de peritaje forense llegaron a conclusiones divergentes: algunos estudios sugerían que el balón no había cruzado la línea, y otros que sí lo había hecho, por apenas centímetros. Nunca se alcanzó un consenso definitivo, razón por la cual el nombre de Bahramov, como el juez de línea que señaló el gol, sigue permanentemente ligado a ese partido.
En los minutos finales de la prórroga, mientras algunos espectadores comenzaban a invadir el campo, Hurst completó su triplete con un cuarto gol para su equipo, dejando el marcador en 4-2. La descripción de ese instante por el comentarista de la BBC Kenneth Wolstenholme —"Hay gente en el campo, creen que ya terminó... ¡ahora sí ha terminado!"— se convirtió en una de las frases más reconocidas de la narración deportiva inglesa.
Hurst se convirtió así en el único jugador de la historia en anotar un triplete en una final de Copa del Mundo, un récord que se ha mantenido durante más de sesenta años. El capitán inglés Bobby Moore recibió el trofeo Jules Rimet de manos de la reina Isabel II.
La victoria sigue siendo, hasta hoy, el único título mundial de Inglaterra, y se convirtió en un punto de referencia duradero en la cultura futbolística del país. En las décadas posteriores, los medios y la afición inglesa han invocado con frecuencia el recuerdo de 1966 antes de los torneos siguientes.
El equipo inglés, dirigido por Alf Ramsey, encajó solo tres goles en todo el torneo y llegó invicto a la final. Alemania Occidental, pese a la derrota en la final, conquistaría el título ocho años después, en 1974, jugando en su propio país.
El gol disputado de Hurst fue citado en repetidas ocasiones durante el medio siglo siguiente en los debates sobre la tecnología de línea de gol en el fútbol. La introducción oficial de esta tecnología por parte de la FIFA en la década de 2010 se interpretó ampliamente como una respuesta, en parte, al deseo de evitar precisamente este tipo de disputa.
La final de 1966 sigue considerándose hoy el punto culminante del fútbol inglés, tanto por la hazaña individual inigualada de Hurst como por ese instante disputado en el campo que, décadas después, sigue despertando fascinación.
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