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Tecnología

Google y SpaceX negocian para instalar centros de datos de IA en órbita, según un informe

TechCrunchhace 3 d
Satélite en órbita terrestre con sus paneles solares desplegados
Photo: SpaceX / Pexels

TechCrunch informa, citando fuentes, que Google y SpaceX mantienen conversaciones en fase preliminar para construir centros de datos de IA en órbita. Las reuniones se han celebrado en las oficinas de ambas compañías en Mountain View y Hawthorne, y aún no existe ningún acuerdo financiero concreto.

El problema de fondo es la dura aritmética económica de construir infraestructura de cómputo en el espacio. En 2026, poner un kilogramo de hardware en órbita terrestre baja con un Falcon 9 cuesta unos 2.700 dólares. Los centros de datos orbitales siguen siendo caros frente al coste de hardware de 800 dólares por kilogramo de los hiperescalares terrestres.

Frente a ese coste, la órbita ofrece tres ventajas concretas. Primero, energía solar continua: los paneles en órbitas medias-altas generan energía 24 horas al día. Segundo, refrigeración: la radiación térmica en el vacío puede ser mil veces más eficiente que la refrigeración por aire. Tercero, la creciente presión ambiental sobre los centros terrestres.

Según el informe anual del Data Center Consortium, el consumo mundial de agua de los centros de datos alcanzó los 1.200 millones de metros cúbicos en 2025. Sus emisiones de carbono representan alrededor de un tercio de las emisiones mundiales de la aviación. Esas cifras son la presión central detrás de la estrategia de «cómputo neutro en carbono» de Google.

Los cohetes de clase Starship de SpaceX son cruciales para cualquier plan de centro de datos orbital. El Starship V3 está diseñado para una carga útil de 200 toneladas. Un solo lanzamiento Starship podría poner en órbita unos 5 MW de hardware de centro de datos. En comparación, un pequeño hiperescalar requiere de 50 a 100 MW.

El informe anual de Google indica que la compañía operó unos 8 GW de capacidad de centros de datos para entrenamiento e inferencia de IA en 2025. Se espera que esa cifra alcance 30 GW en 2030. Si las soluciones orbitales pueden absorber siquiera entre el 1 y el 2 % de esa capacidad, la presión sobre los emplazamientos terrestres se reduciría de forma significativa.

El profesor Olivier de Weck, del grupo de sistemas espaciales del MIT, declara a la BBC: «Computar en órbita tiene sentido desde el punto de vista físico. El principal obstáculo restante son los costes de mantenimiento y reparación. En tierra, sustituir una GPU lleva horas. En órbita, requiere un astronauta o un sistema robótico».

China también avanza en este campo. La China Aerospace Science and Technology Corporation (CASC) anunció a comienzos de año un proyecto llamado «plataforma de centro de datos Tiangong». El plan consiste en lanzar un módulo prototipo de 5 MW de centro de datos orbital en 2027. Una carrera entre China y Estados Unidos en este terreno acelerará la entrada de inversión.

En el lado financiero, el analista de Bank of America John Hodulik compartió la siguiente cifra en una nota a clientes: el mercado de centros de datos orbitales podría convertirse en una industria de 22.000 millones de dólares para 2032. Esa proyección es modesta frente al mercado terrestre anual de unos 350.000 millones de dólares, pero su ritmo de crecimiento la hace atractiva.

En el plano regulatorio, todavía no existen reglas maduras. La Federal Communications Commission estadounidense y la Unión Internacional de Telecomunicaciones están revisando las normas sobre espectro orbital y posicionamiento. Si el proyecto Google-SpaceX avanza, un primer piloto en 2028 es plausible; la escala comercial llegaría como muy pronto a mediados de 2030.

Este artículo es un resumen editorial asistido por IA basado en TechCrunch. La imagen es una foto de archivo de SpaceX en Pexels.