Breaking
Salud

Daño ocular por el eclipse: cómo saber si el sol dañó tu visión

BBC Healthhace 2 h
Una vista de un eclipse solar en el cielo
Una vista de un eclipse solar en el cieloPhoto: Marcin Cieślak / Pexels

Cuando la Luna se desliza frente al Sol, millones de personas levantan la vista para contemplarlo. Pero ese espectáculo conlleva un riesgo invisible: observado sin la protección adecuada, puede causar daños oculares duraderos. Un cirujano oftalmólogo del Reino Unido afirma que el número de pacientes que buscaron tratamiento tras el último eclipse solar fue notablemente menor que después del último eclipse total del país, ocurrido en 1999.

Esa disminución se atribuye en parte a décadas de campañas de salud pública y a un conocimiento mucho más amplio de las normas para observar eclipses. Antes de un eclipse, farmacias y colegios suelen repartir gafas certificadas, y las redes sociales difunden ampliamente las advertencias de seguridad. Aun así, los médicos señalan que en cada eclipse un pequeño grupo de personas ignora las recomendaciones y pone en riesgo su visión.

El término médico para esta lesión es retinopatía solar. La luz intensa del sol es enfocada por el cristalino sobre la retina, el tejido fotosensible situado en el fondo del ojo, quemando literalmente las delicadas células que allí se encuentran. Los cirujanos suelen compararlo con usar una lupa para quemar papel al sol, con la diferencia de que la retina tiene una capacidad de regeneración muy limitada.

Lo que hace que este daño sea especialmente insidioso es que no duele. La retina no tiene receptores de dolor, por lo que una persona puede mirar el sol el tiempo suficiente para dañar su visión sin sentir nada en el momento. Los síntomas suelen aparecer horas después, y a veces incluso uno o dos días más tarde.

Los médicos señalan que los síntomas más frecuentes incluyen visión borrosa o distorsionada, un punto ciego en el centro del campo visual, alteración en la percepción de los colores y sensibilidad inusual a la luz. Estos síntomas pueden afectar a uno o a ambos ojos, y su gravedad suele depender del tiempo de exposición al sol.

En los casos leves, la visión puede mejorar por sí sola en algunas semanas, a medida que las células de la retina se recuperan parcialmente. Pero en exposiciones más graves, el daño puede ser permanente, dejando un punto ciego duradero en la mácula, la región central de la retina, lo que afecta tareas finas como leer o reconocer rostros.

Los especialistas insisten en que mirar directamente al sol nunca es seguro sin gafas certificadas para eclipses, y que las gafas de sol comunes no ofrecen ni de lejos la protección necesaria. Solo las gafas certificadas según la norma ISO 12312-2, o un vidrio de soldador específico, filtran suficiente luz para una observación segura.

Se considera que los niños son especialmente vulnerables, porque el cristalino de su ojo es más transparente y deja pasar más luz solar sin filtrar hacia la retina, y porque pueden ser menos propensos que los adultos a notar la molestia y apartar la mirada a tiempo. Por eso se anima a los colegios a organizar actividades de observación supervisadas en lugar de dejar que los alumnos miren sin vigilancia.

Se recomienda a cualquier persona que note un cambio en su visión tras un eclipse que consulte a un oftalmólogo, aunque los síntomas parezcan leves. Un diagnóstico temprano permite vigilar el daño y, si es posible, tomar medidas para evitar una pérdida de visión adicional.

De cara al próximo eclipse, el mensaje de los especialistas es sencillo: el placer de observar este fenómeno natural no vale unos minutos de impaciencia. Unas gafas certificadas cuestan apenas unos euros; la visión perdida, en cambio, nunca se recupera.

Este artículo es un resumen editorial asistido por IA basado en BBC Health. La imagen es una foto de archivo de Marcin Cieślak en Pexels.

Para seguir leyendo