Migraña: qué la causa y qué alivia realmente el dolor

La humanidad lleva luchando contra la migraña tanto tiempo que su primera descripción escrita se remonta al año 1550 a. C. El antiguo texto médico egipcio conocido como el Papiro Ebers menciona una 'enfermedad de la mitad de la cabeza' y recomienda tratarla untando el cuero cabelludo con bagre frito. Por extraño que suene hoy, el pasaje es prueba de lo temprano que se reconoció la migraña.
El nombre de la enfermedad también tiene raíces antiguas. El médico romano Galeno, en el siglo II, usaba el término 'hemicránea' —literalmente, 'la mitad del cráneo'— un término que evolucionó a lo largo de los siglos hasta la palabra actual 'migraña'. El tratamiento preferido de Galeno era la sangría, que resultaba ser su respuesta para casi todo.
Para el siglo XX, el establishment médico había empezado a abordar la migraña desde un ángulo muy distinto: las emociones reprimidas. Combinada con el hecho de que la migraña es mucho más común en mujeres que en hombres, esta teoría hizo que la enfermedad fuera desestimada durante décadas y archivada bajo la etiqueta de 'histeria', un enfoque que la ciencia ha rechazado por completo desde entonces.
El verdadero cambio comenzó en la segunda mitad del siglo XX con la teoría vascular: la idea de que el dolor migrañoso provenía de una dilatación excesiva de los vasos sanguíneos del cerebro. Esa teoría dominó durante décadas y sentó las bases para el desarrollo de los primeros fármacos específicos contra la migraña, los triptanes, que alivian el dolor estrechando los vasos sanguíneos.
Sin embargo, en las últimas dos décadas los investigadores descubrieron que la migraña no es un fenómeno puramente vascular, sino un proceso neurológico complejo que comienza en el propio cerebro, concretamente en el tronco encefálico y el sistema del nervio trigémino. Esta nueva comprensión mostró que un ataque de migraña comienza en las células nerviosas, no en los vasos sanguíneos, y que una proteína llamada CGRP se encuentra en el centro de ese proceso.
El descubrimiento del CGRP —el péptido relacionado con el gen de la calcitonina— marcó un verdadero punto de inflexión en el tratamiento de la migraña. Esta proteína se libera durante un ataque de migraña y desencadena inflamación nerviosa y señalización del dolor. La nueva clase de fármacos desarrollada en la última década se dirige directamente al CGRP o a su receptor, bloqueando los ataques antes de que comiencen: el primer tratamiento en la historia diseñado específicamente para la migraña.
Estos fármacos están marcando una diferencia real para los pacientes. Las generaciones anteriores de tratamientos preventivos —betabloqueantes, fármacos antiepilépticos, antidepresivos— no fueron diseñadas para la migraña, y sus efectos secundarios hacían que los pacientes abandonaran el tratamiento con frecuencia. Los fármacos dirigidos al CGRP, al ser específicos para la migraña, tienden a ser tanto más eficaces como, en general, mejor tolerados.
Aun así, la migraña sigue siendo ampliamente incomprendida. Según la Organización Mundial de la Salud, la migraña se encuentra entre las principales causas de discapacidad a nivel mundial, pero muchos lugares de trabajo y comunidades todavía la consideran 'solo un dolor de cabeza'. Esa idea errónea dificulta que los pacientes accedan a tratamiento y sean comprendidos en el trabajo.
Por qué la migraña ocurre tres veces más a menudo en mujeres también se entiende mejor ahora: las fluctuaciones en los niveles de estrógeno, en particular la caída previa a la menstruación, destacan como un desencadenante importante de los ataques. Ese vínculo también ayuda a explicar por qué los tratamientos hormonales funcionan en algunas pacientes.
La investigación sobre la migraña sigue avanzando rápidamente hoy en día: las técnicas de imagen cerebral han comenzado a rastrear en tiempo real el momento en que comienza un ataque, se está desarrollando una nueva generación de fármacos, y estudios genéticos están mapeando los genes que determinan la predisposición. Tras 3.500 años, la migraña finalmente se toma en serio como una enfermedad propia y distinta.
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