Por qué las olas de calor afectan más a las mujeres

A medida que las olas de calor se alargan y se hacen más frecuentes, un número creciente de estudios señala un patrón incómodo: las mujeres se ven perjudicadas de forma desproporcionada por el calor extremo, y las razones van mucho más allá de la simple biología. Los expertos en salud piden ahora campañas de concienciación pública y directrices médicas que reflejen esas diferencias, en lugar de tratar el riesgo del calor como un peligro uniforme.
Parte de la disparidad comienza en el propio cuerpo. Las mujeres suelen tener una tasa de sudoración menor que los hombres y una mayor proporción de superficie corporal respecto a la masa corporal, factores que pueden dificultar disipar el calor de manera eficiente. Las fluctuaciones hormonales a lo largo del ciclo menstrual también afectan la temperatura central del cuerpo y su capacidad para regularla, lo que significa que la tolerancia al calor de una mujer puede variar de forma significativa de una semana a otra, no solo de una persona a otra.
El embarazo añade otra capa de riesgo. Las futuras madres ya presentan una temperatura corporal central y una carga cardiovascular más altas, y el calor extremo se ha vinculado a mayores tasas de complicaciones del embarazo, incluido el parto prematuro. Los investigadores en salud afirman que esto convierte a las mujeres embarazadas en uno de los grupos que más necesitan directrices específicas sobre el calor, aunque rara vez se las menciona por separado en los mensajes públicos, que suelen limitarse a consejos genéricos sobre la hidratación.
La menopausia añade más complejidad. La disminución de los niveles de estrógeno ya se asocia con una regulación térmica deficiente y sofocos más frecuentes, y los investigadores afirman que esto puede agravar la tensión fisiológica que el calor ambiental extremo impone al cuerpo, particularmente en mujeres mayores que también pueden estar gestionando otras afecciones de salud.
Pero los expertos insisten igualmente en que los factores sociales y económicos desempeñan un papel tan importante como la biología. Las mujeres siguen siendo más propensas que los hombres a asumir la mayor parte de las responsabilidades de cuidado, ya sea de hijos, familiares con discapacidad o padres mayores, lo que puede significar pasar más tiempo en interiores en hogares sin aire acondicionado, o no poder desplazarse a un lugar más fresco porque alguien depende de su presencia.
Los patrones ocupacionales también importan. Las mujeres representan una gran parte de la fuerza laboral en profesiones de cuidado, como enfermería y trabajo social, que frecuentemente requieren labor física en interiores en edificios mal ventilados, junto con trabajo informal y agrícola al aire libre en muchas partes del mundo. Ambos entornos pueden exponer a las trabajadoras a calor sostenido sin formas sencillas de refrescarse durante un turno.
Los responsables de salud pública afirman que la combinación de vulnerabilidad fisiológica y exposición social ha sido subestimada en la planificación de respuesta al calor, que históricamente ha tratado a la población como un grupo único con un perfil de riesgo compartido. Eso, según los investigadores, significa que los problemas de salud de las mujeres relacionados con el calor pueden pasar desapercibidos o atribuirse erróneamente a otras causas, retrasando el tratamiento en los períodos en que más importa.
Cerrar esa brecha, según los expertos en salud, no requiere un marco completamente nuevo, sino ajustes a las directrices existentes: alertas de calor que mencionen explícitamente el embarazo y la menopausia como factores de riesgo, protecciones laborales frente al calor que tengan en cuenta los roles de cuidado en interiores, y espacios públicos de refrigeración diseñados pensando en mujeres que puedan estar acompañadas de niños pequeños o familiares mayores.
Parte de este trabajo ya está en marcha en programas piloto que rastrean los ingresos hospitalarios durante las olas de calor por sexo y etapa de vida, con el objetivo de construir una base de evidencia más clara para futuros mensajes de salud pública. Los primeros hallazgos, según los investigadores, refuerzan que un enfoque único para todos en los consejos sobre el calor deja verdaderas brechas en la protección.
A medida que las olas de calor se convierten en una constante de la mayoría de los veranos en lugar de emergencias poco frecuentes, los expertos en salud afirman que cerrar esa brecha ya no es opcional. Reconocer que el riesgo del calor no se distribuye de manera uniforme, sostienen, es el primer paso hacia directrices e infraestructuras que realmente reflejen quién está más expuesto, y por qué.
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