Martha Lillard, una de las últimas usuarias de pulmón de acero en EE. UU., muere a los 78 años

Martha Lillard, una de las últimas personas en Estados Unidos que aún respiraba gracias a un pulmón de acero, ha muerto a los 78 años en Oklahoma, según STAT News. Su fallecimiento cierra uno de los últimos vínculos vivos con la era anterior a la vacuna contra la polio, cuando esos imponentes respiradores cilíndricos llenaban las salas de hospital de todo el país y ofrecían la única posibilidad de supervivencia a los niños cuyos músculos torácicos habían quedado paralizados por el virus.
Lillard contrajo poliomielitis siendo muy pequeña, a principios de la década de 1950, en los últimos años antes de que la vacuna de Jonas Salk se hiciera ampliamente disponible y pusiera fin al dominio de la enfermedad sobre la infancia estadounidense. El virus atacó los nervios que controlaban su diafragma y sus músculos torácicos, dejándola incapaz de respirar sin ayuda. Fue colocada dentro de un pulmón de acero, una cámara metálica sellada que utilizaba cambios rítmicos de presión de aire para hacer entrar y salir el aire de los pulmones de pacientes que ya no podían hacerlo por sí mismos.
A diferencia de la mayoría de los supervivientes de la polio que usaban estas máquinas de forma temporal mientras sus cuerpos recuperaban cierta función, la parálisis de Lillard nunca se resolvió por completo. Pasó las siguientes décadas durmiendo cada noche dentro del pulmón de acero, un arreglo que requería mantenimiento especializado, piezas de repuesto cada vez más difíciles de conseguir, y una pequeña comunidad de técnicos y familiares dispuestos a mantener en funcionamiento una ingeniería centenaria para una máquina que ya no se fabrica.
Su larga dependencia del dispositivo la convirtió en una especie de embajadora no oficial de un capítulo de la historia médica que la mayoría de los estadounidenses hoy solo conoce por fotografías: filas de pulmones de acero en salas de polio, los veranos de ansiedad en que las piscinas públicas cerraban por miedo al contagio, y el alivio nacional que siguió a la llegada de la vacuna en 1955. Lillard concedió entrevistas a lo largo de los años describiendo tanto el aislamiento de una vida atada a la máquina como su determinación de construir una vida plena en torno a ella, incluyendo trabajo, relaciones y activismo público.
La poliomielitis, en su día una de las enfermedades más temidas de Estados Unidos, que causaba parálisis en un pequeño porcentaje de los infectados y mataba a algunos de ellos, fue declarada eliminada en el país en 1979 tras campañas de vacunación masiva. Pero la enfermedad dejó tras de sí a una pequeña población de supervivientes con parálisis permanente, algunos de los cuales dependieron de pulmones de acero durante el resto de sus vidas, incluso cuando ventiladores más nuevos y compactos se convirtieron en el estándar para otros pacientes que necesitaban soporte respiratorio.
El propio pulmón de acero se convirtió en una especie de reliquia médica incluso en vida de Lillard, ya no fabricado por ningún proveedor y mantenido en funcionamiento con piezas rescatadas de unidades retiradas o fabricadas a medida por especialistas en reparación dedicados. Los investigadores de salud pública han señalado que el reducido número de usuarios restantes representa a la vez un desafío logístico, dado que las piezas de repuesto son de hecho irremplazables, y un recordatorio conmovedor de lo reciente que una enfermedad prevenible por vacunación causó discapacidad de por vida en Estados Unidos.
Con la muerte de Lillard, solo se sabe que un puñado de personas en todo el mundo sigue usando un pulmón de acero, según investigadores de salud pública que han seguido a esta menguante población de usuarios de largo plazo. Los defensores de los supervivientes de la polio con discapacidad han usado su historia, y la de los demás usuarios de pulmones de acero, para destacar las necesidades persistentes de una población que envejece y cuyas necesidades médicas nunca se diseñaron para durar tanto.
Su historia también ha resurgido en medio de renovadas conversaciones públicas sobre la reticencia a la vacunación, ofreciendo un contrapunto real a los argumentos que minimizan la gravedad de las enfermedades prevenibles por vacunación. Expertos en salud pública han señalado las décadas que Lillard pasó dentro del pulmón de acero como una ilustración concreta de lo que unos brotes de polio sin control aún podrían significar en lugares donde la cobertura de vacunación ha caído.
Los familiares y cuidadores que apoyaron a Lillard durante sus últimos años la describieron como aguda, independiente e insistente en mantener toda la normalidad que su situación permitía, desde conversaciones hasta aficiones, mientras permanecía tendida dentro de la cámara sellada que la mantenía con vida. Su muerte fue confirmada por sus allegados, y se espera que los detalles de un homenaje se anuncien próximamente.
Mientras la era del pulmón de acero llega a su fin natural, la vida de Lillard se erige como un marcador tanto del progreso médico como de sus límites: una enfermedad efectivamente eliminada gracias a la vacunación, pero no antes de dejar a un pequeño número de personas pasando toda una vida, a menudo gran parte de ella antes incluso de que la recuperación fuera concebible, dentro de una máquina construida para mantenerlas respirando.
Para seguir leyendo

Salud infantil en el Reino Unido: por qué los médicos hablan de la generación menos saludable en décadas
Un análisis de 12 indicadores de salud infantil, incluidos el asma, la obesidad y las tasas de vacunación, ha revelado que los resultados han empeorado o se han estancado en general en el Reino Unido, lo que ha llevado a los pediatras a calificar la tendencia como una 'vergüenza nacional'. La caída en la cobertura de vacunación y el aumento de las hospitalizaciones por asma figuran entre los factores clave.

Cáncer de pulmón en no fumadores: por qué lo desarrollan jóvenes sanos
Un nuevo estudio ha revelado un patrón inesperado: los jóvenes no fumadores con dietas más saludables mostraron tasas más altas de cáncer de pulmón, lo que llevó a los investigadores a examinar si los residuos de pesticidas en los productos podrían influir. Los científicos subrayan que los hallazgos son preliminares.

Falta de sueño y aumento de peso: por qué importan 80 minutos
Un nuevo estudio revela que perder apenas 80 minutos de sueño por noche durante seis semanas provocó que los participantes ganaran peso y se volvieran menos activos, aunque esa pérdida de sueño fue mucho más leve que la que ya experimentan muchos adultos. Los investigadores afirman que los hallazgos ayudan a explicar cómo la privación de sueño crónica y moderada puede elevar silenciosamente los riesgos de salud a largo plazo.

Por qué las olas de calor afectan más a las mujeres
Los expertos afirman que las mujeres enfrentan riesgos fisiológicos y sociales distintos durante el calor extremo, desde efectos hormonales en la regulación de la temperatura corporal hasta roles de cuidado que las mantienen en interiores sin refrigeración. Las autoridades sanitarias piden directrices que tengan esto en cuenta.

TDAH y ciclo menstrual: lo que revela un nuevo estudio
Un estudio británico sin precedentes examina cómo los cambios hormonales del ciclo menstrual pueden intensificar los síntomas del TDAH, como la pérdida de concentración y la impulsividad. Los investigadores afirman que este hallazgo podría explicar por qué tantas mujeres recibieron diagnósticos erróneos durante años.