¿Qué le hace realmente una sesión de sauna a tu sistema inmunitario?

El uso de la sauna es casi una tradición nacional en Finlandia, un país de unos 5,5 millones de habitantes que se calcula tiene más de tres millones de saunas. A pesar de ese uso tan extendido, la evidencia científica sobre cómo afecta la sauna al sistema inmunitario ha sido relativamente escasa y dispersa, una carencia que los investigadores intentan ahora subsanar.
Un equipo de investigación finlandés sometió a los participantes a una única sesión de sauna de 30 minutos seguida de una breve ducha fría, un componente clásico del ritual tradicional de la sauna finlandesa. Los investigadores tomaron muestras de sangre antes y después de la sesión para medir el número y el tipo de células inmunitarias que circulaban en el torrente sanguíneo de los participantes.
Los resultados mostraron que incluso una sola sesión producía un efecto medible: aumentaron todos los tipos de glóbulos blancos en la sangre. Esto incluía una amplia gama de células inmunitarias, entre ellas células que combaten infecciones como los neutrófilos y los linfocitos, lo que significa que el efecto no se limitó a un solo tipo de célula, sino que equivalió a una respuesta sistémica.
Este tipo de aumento es coherente con la respuesta bien documentada del cuerpo al estrés agudo. La exposición a un calor intenso, seguida de una caída súbita de temperatura, coloca brevemente al cuerpo en una especie de estado de alerta, lo que desencadena la liberación rápida de células inmunitarias desde lugares de almacenamiento como la médula ósea y el bazo hacia el torrente sanguíneo.
Los investigadores subrayan que este aumento no es permanente: los hallazgos apuntan a que el sistema inmunitario se ve temporalmente «activado», no fortalecido de forma duradera. Se espera que el recuento de glóbulos blancos vuelva a sus niveles iniciales en las horas posteriores a la sesión, por lo que aún es pronto para concluir que una sola sesión de sauna ofrece una protección duradera contra las enfermedades.
Aun así, los hallazgos coinciden con estudios observacionales previos sobre los posibles beneficios a largo plazo del uso regular de la sauna. Varios estudios de cohortes finlandeses a gran escala han sugerido que las personas que usan la sauna con frecuencia tienen un menor riesgo de enfermedad cardiovascular e infecciones respiratorias, aunque esos estudios mostraban asociación y no causalidad.
La nueva investigación ofrece un posible mecanismo biológico para esa asociación: si cada sesión de sauna produce un aumento temporal de células inmunitarias, sesiones repetidas con regularidad podrían, con el tiempo, entrenar la capacidad general de respuesta del sistema inmunitario, de forma parecida a como el ejercicio regular fortalece el sistema cardiovascular con el tiempo.
El papel de la ducha fría también despertó el interés de los investigadores. Aún no está claro si el contraste de calor y frío amplifica la respuesta inmunitaria en comparación con la exposición al calor por sí sola; los investigadores planean probar ambos componentes por separado.
Los expertos afirman que la conclusión práctica de estos hallazgos es que el uso de la sauna es inofensivo y sigue siendo una herramienta de relajación segura para la mayoría de los adultos sanos. No obstante, se recomienda que las personas con afecciones cardíacas o especial sensibilidad al calor extremo consulten a un médico, sobre todo antes de añadir el componente de la ducha fría.
El equipo de investigación reconoce que los hallazgos deben confirmarse con estudios más amplios y de mayor duración, pero el hecho de que incluso una sola sesión desencadene una respuesta inmunitaria medible sugiere que podría existir una base biológica concreta detrás de la popularidad centenaria de la sauna.
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