Un virus misterioso comenzó a matar caballos y luego a humanos: lo que el virus Hendra enseñó sobre el contagio zoonótico

En 1994, en Hendra, un suburbio de Brisbane, Australia, un grupo de caballos de carreras comenzó a morir repentinamente por una enfermedad inexplicable. Poco después, un entrenador de caballos que había estado en contacto estrecho con los animales enfermó de la misma misteriosa dolencia y falleció. El virus responsable, nunca antes visto por la ciencia, fue posteriormente nombrado según el lugar donde ocurrió el brote: el virus Hendra.
Adaptado de un nuevo libro, este relato describe cómo el suceso se convirtió en un rompecabezas para los científicos. A medida que los investigadores rastreaban el origen del virus, la pista finalmente los condujo hasta los zorros voladores, grandes murciélagos frugívoros que desempeñan un papel ecológico importante en Australia y que se descubrió que portaban el virus sin enfermar ellos mismos.
Según los científicos, el salto del virus de los murciélagos a los caballos, y luego de los caballos a los humanos, es un ejemplo clásico de un proceso conocido como contagio zoonótico. El término describe situaciones en las que un patógeno que normalmente reside en una especie animal, por lo general sin causarle enfermedad, pasa a otra especie —a veces a través de un huésped intermedio, a veces directamente— donde puede provocar una enfermedad grave.
Los investigadores comenzaron a preguntarse por qué los murciélagos pueden portar tales virus sin enfermar. Estudios científicos sugieren que el sistema inmunitario de los murciélagos evolucionó para hacer frente al alto estrés metabólico generado durante el vuelo, una adaptación que también podría haber producido una tolerancia única a la infección viral. Se cree que esta característica convierte a los murciélagos en un reservorio natural para muchos virus zoonóticos.
Aunque el caso del virus Hendra se consideró en su momento un episodio relativamente aislado, los científicos lo consideran ahora, en retrospectiva, una señal temprana de un patrón mucho más amplio. Según el autor del libro y los investigadores del área, la expansión de las poblaciones humanas, la deforestación y la reducción de los hábitats de la vida silvestre están provocando que las personas entren en contacto más frecuente con poblaciones animales —y los patógenos que portan— con las que antes rara vez se topaban.
Los investigadores señalan que el estudio del virus Hendra ayudó a sentar las bases para comprender otros virus transmitidos por murciélagos que surgieron en años posteriores, incluido el virus Nipah y, más tarde, ciertos patógenos de la familia de los coronavirus. Dentro de la comunidad científica, el Hendra se cita como uno de los precursores de la ciencia actual del contagio zoonótico; los expertos subrayan, sin embargo, que esto debe leerse como un caso de estudio y una señal de alerta temprana, no como una afirmación causal directa de que "dio inicio" a la era de los coronavirus.
Las lecciones extraídas del brote del virus Hendra contribuyen hoy directamente al diseño de los sistemas de vigilancia de enfermedades animal-humano. Los científicos sostienen que el monitoreo regular de las poblaciones de vida silvestre, en particular de las colonias de murciélagos, y la detección temprana de posibles eventos de contagio son fundamentales para prevenir futuros brotes.
Una vacuna equina desarrollada en Australia tras el brote se convirtió en una de las primeras vacunas comerciales para proteger a los animales contra el virus Hendra. Esta vacuna está diseñada para romper la cadena de transmisión del virus a los humanos a través de los caballos, y se cita como un ejemplo de intervención preventiva contra enfermedades zoonóticas desde una perspectiva de salud pública.
Según la narrativa del libro, el caso del virus Hendra constituye una lección temprana para los científicos: un recordatorio de que los desequilibrios generados por la actividad humana en ecosistemas naturales complejos pueden producir consecuencias inesperadas, y a veces fatales. Los investigadores subrayan que este tipo de casos de estudio debe seguir ocupando un lugar central en los esfuerzos de preparación frente a futuros brotes.
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