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Historia

Hace 100 años, 1,7 millones de británicos pararon: centenario de la huelga general de 1926

HistoryExtrahace 10 h
Imagen de archivo de titulares de periódicos británicos antiguos
Photo: Ali Beyaz / Pexels

Esta semana se cumple el centenario de la mayor movilización obrera única en la historia del Reino Unido. Entre el 4 y el 12 de mayo de 1926, 1,7 millones de trabajadores dejaron las herramientas y paralizaron de hecho Gran Bretaña durante nueve días. Conocida como la huelga general, el acontecimiento fue visto como la demostración más decidida de solidaridad en la historia obrera inglesa; pero también supuso una de las derrotas más profundas del movimiento.

La chispa de la huelga comenzó con los mineros. Tras la desaceleración económica del año anterior, los propietarios de las minas de carbón exigían recortes salariales y jornadas más largas a 1.250.000 trabajadores mineros. Cuando el sindicato rechazó las exigencias, los propietarios cerraron las puertas a los trabajadores el 30 de abril de 1926. El Trade Union Congress (TUC), la confederación sindical, tomó la decisión de iniciar una huelga de solidaridad.

En la mañana del martes 4 de mayo, los ferroviarios, conductores de autobús, estibadores, trabajadores de imprenta, herreros y trabajadores del suministro de gas y electricidad no acudieron a sus turnos. Los servicios ferroviarios entre ciudades se detuvieron. El metro de Londres no funcionaba. Las fábricas de Mánchester y Birmingham cerraron. Los tranvías de tracción animal volvieron a ser una imagen rara en las calles.

La respuesta del Gobierno fue dura. El primer ministro Stanley Baldwin movilizó al ejército y a la marina para desplegarlos en servicios esenciales. Se reclutó a cien mil 'voluntarios' (típicamente estudiantes de clase media y militares retirados). Estos voluntarios pasaron a conducir autobuses, operar trenes y generar electricidad.

El sentimiento público hacia la huelga era complejo. En algunas zonas la huelga gozaba de fuerte apoyo, especialmente Glasgow, Liverpool, Mánchester y el norte de Gales. En otras, particularmente en los barrios acomodados de Londres, había apoyo abierto a las y los voluntarios. El diario The Times enmarcó el esfuerzo voluntario como 'defensa de los cimientos de la civilización'.

La huelga general duró solo nueve días. El 12 de mayo, el TUC retiró la convocatoria de huelga de manera repentina e inesperada. La decisión se tomó sin consultar a los mineros y los dejó solos. Los mineros aguantaron otros siete meses, pero la mayoría regresó al trabajo antes de finales de 1926 con recortes salariales y jornadas más largas.

El historiador Jonathan Schneer dice que hay tres razones para el fracaso de la huelga: primero, la preparación del Gobierno. Baldwin había previsto la crisis y había preparado silenciosamente los planes de un 'ejército de voluntarios' desde 1925. Segundo, la reticencia del liderazgo del TUC a endurecer la línea: muchos dirigentes sindicales temían que el movimiento se transformara en una revolución. Tercero, una división dentro de las clases obreras: los mineros estaban en el centro, pero la plena solidaridad de otros sectores fue limitada.

Las consecuencias a largo plazo de la huelga general fueron profundas. En 1927, el Gobierno de Baldwin aprobó la Trades Disputes Act, que volvió casi imposibles las huelgas de solidaridad, las huelgas en servicios públicos y las retenciones salariales por participación en huelga política. La ley estuvo vigente hasta que el Gobierno laborista de Attlee la derogó en 1946.

Los efectos culturales también fueron claros. La huelga general creó un trauma de dos generaciones para el movimiento obrero británico. La afiliación a los sindicatos en el Reino Unido se situaba en 5,5 millones en 1926; en 1933 había caído a 4,4 millones. El movimiento sindical no se recuperó plenamente del golpe hasta el período de Attlee tras la Segunda Guerra Mundial.

El acontecimiento sigue vivo en la memoria política del Reino Unido moderno. Las y los descendientes de familias que participaron en la huelga recuerdan 1926 como 'el último momento de verdadera solidaridad'. El argumento de Schneer es: 'La huelga general fracasó porque aún no estaba preparada para la infraestructura organizativa de las luchas políticas modernas. Pero en términos de valor, sentó un modelo para que las generaciones posteriores organicen sus propias luchas.'

Este artículo es un resumen editorial asistido por IA basado en HistoryExtra. La imagen es una foto de archivo de Ali Beyaz en Pexels.