Sean Strickland sorprende al invicto Chimaev por decisión dividida y conquista el título mediano de la UFC

Sean Strickland recuperó el cinturón mediano de la UFC el sábado por la noche en UFC 238, destronando al hasta entonces invicto Khamzat Chimaev por decisión dividida (48-47, 47-48, 48-47) en el evento estelar disputado en el T-Mobile Arena de Las Vegas. El público estuvo de pie en los últimos segundos del quinto asalto sin saber hacia qué lado se inclinarían las tarjetas; el equipo de Strickland esperó hasta que Bruce Buffer anunciara el resultado antes de colocarle por segunda vez la correa al hombro.
El combate comenzó como la mayoría de los analistas había anticipado. Chimaev intentó un derribo en el primer minuto buscando aplastar a Strickland contra la jaula y dictar el ritmo. El estadounidense giró, mantuvo el cuello fuera de peligro y volvió a sus pies sin conceder una posición clave. En la segunda mitad del primer asalto, Strickland desplegó la Philly Shell que lo caracteriza, avanzando con un jab firme. A distancia ganaba los intercambios; en el cuerpo a cuerpo, Chimaev dominaba claramente.
En el segundo asalto, Chimaev consiguió su primer derribo sostenido y mantuvo a Strickland en la lona durante más de dos minutos. La posición no se tradujo en daño significativo. Dos de los tres jueces dieron el asalto a Chimaev; el tercero a Strickland por los golpes conectados. En la transmisión de ESPN, el analista Daniel Cormier comentó que Chimaev estaba «ganando asaltos pero sin robarse el combate», una frase que terminaría siendo decisiva.
El tercer asalto fue el punto de inflexión de la noche. Strickland dejó de retroceder hacia la jaula, tomó el centro y usó su jab para impedir que Chimaev cuadrara las caderas. Cuando el checheno bajaba el nivel para buscar el derribo, el encuadre de Strickland era más cerrado, y en dos ocasiones conectó una rodilla en el ascenso. Según las estadísticas oficiales de ESPN, Strickland conectó 47 golpes significativos en el tercer asalto contra 19 de Chimaev.
Chimaev respondió en el cuarto con un derribo limpio a mitad del asalto y rotó entre media guardia y montaje lateral durante casi dos minutos. Strickland recurrió a la guardia mariposa para retrasar la posición, pero el asalto fue para Chimaev en las tres tarjetas. Con un solo asalto restante, el combate era una moneda al aire.
El quinto asalto fue propiedad de la disciplina de Strickland. El ritmo de Chimaev había bajado de forma evidente y sus penetraciones perdieron explosividad. La combinación jab-cross-jab del estadounidense obligó al zurdo a circular hacia la derecha en repetidas ocasiones, abriendo espacio para una rodilla larga al hígado en el último minuto. Dos contras limpios en los últimos treinta segundos arrancaron rugidos del público.
Cuando Buffer anunció la decisión dividida, Strickland tomó el micrófono. «La gente decía que este hombre no podía ser vencido», dijo. «Sólo soy un tipo que va al gimnasio todos los días. No creo que nadie sea invencible». Añadió que estaba listo para defender el cinturón ante el excampeón Dricus du Plessis.
Para Chimaev, la derrota es ajustadísima pero históricamente significativa. Su registro pasa de 19-0 a 19-1. En los números, Strickland superó en golpes significativos en dos de los cinco asaltos y mantuvo un porcentaje de defensa al derribo cercano al 60 por ciento. Khabib Nurmagomedov, en su esquina, le había dicho entre asaltos que tendrían que esperar a los jueces; esa espera terminó con la primera derrota profesional de su pupilo.
El presidente de la UFC, Dana White, sugirió un posible reto de revancha en la conferencia de prensa. «Es la pelea de peso mediano más cerrada que he visto este año», dijo. La cima de la división contiene ahora a Israel Adesanya, Du Plessis y Strickland; un mini torneo entre los tres sería una de las historias más atractivas del calendario de cierre de la UFC.
Para Strickland, el cinturón representa la recuperación de un título perdido hace tres años. «Lo perdí una vez, lo recuperé. No pienso entregarlo otra vez», declaró con la correa todavía sobre el hombro. Los aficionados salieron del T-Mobile Arena discutiendo qué luchador había robado qué asalto; sobre si una decisión dividida era el final adecuado para un combate del que los seguidores del MMA hablarán durante semanas, había un raro consenso.