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Las redes fúngicas subterráneas son lo bastante largas para superar el Sistema Solar

Ars Technicahace 3 h
Musgo y raíces de árbol en el suelo del bosque con luz suave
Musgo y raíces de árbol en el suelo del bosque con luz suavePhoto: Engin Akyurt / Pexels

Hifas más finas que un centímetro pasan desapercibidas porque no se ven; pero un nuevo cálculo sitúa su longitud total más allá de los confines del Sistema Solar. Ars Technica informa del estudio, que ofrece una cifra global concreta del alcance de las redes micorrícicas.

La micorriza es una relación simbiótica entre raíces vegetales y hongos. Los hongos aportan a la planta fósforo, nitrógeno y oligoelementos; a cambio, la planta cede azúcares producidos por fotosíntesis. La asociación es un componente fundamental de los aproximadamente 450 millones de años de historia de las plantas terrestres.

La cifra titular del estudio impacta: la longitud total de todas las hifas micorrícicas en los ecosistemas terrestres es de unos 450 cuatrillones de kilómetros. Una distancia que supera muchas veces la posición de la Voyager 1 desde la Tierra. La cifra describe una infraestructura "larga pero estrecha" porque las hifas son extremadamente finas.

La infraestructura importa para el ciclo global del carbono. Las micorrizas capturan cerca de un tercio del carbono atmosférico bajo tierra. Esa función de "sumidero de carbono" es ya un parámetro adicional en la modelización climática. El balance entre carbono emitido y absorbido por el suelo está directamente ligado a la salud de las redes fúngicas.

La salud del suelo no es solo cuestión agrícola. Afecta a la retención de agua, el control de la erosión y la biodiversidad. El informe 2024 de la FAO sobre el estado de los suelos señala que cerca de un tercio de la salud de los suelos del mundo sufre degradación moderada o severa. La alteración de las redes micorrícicas es a la vez causa y consecuencia.

El método del estudio combina mediciones de densidad micorrícica de biomas de todo el mundo y las superpone en un único mapa. Selvas tropicales, bosques templados, sabana y tundra tienen cada uno su curva de densidad. Los resultados muestran grandes diferencias entre biomas, pero juntos revelan la escala global de la longitud total.

El ángulo conservacionista es crítico. El laboreo, la fertilización pesada y los fungicidas dañan las redes micorrícicas. La agricultura de conservación — labranza mínima, cubiertas vegetales, rotación diversificada — ayuda a protegerlas. La última actualización de la Política Agrícola Común de la UE ha incluido la condición biológica del suelo entre los criterios de pago.

La dispersión es otra dimensión. Las esporas se propagan a largas distancias por el aire, la lluvia y la fauna. Esa dispersión es clave para la diversidad genética de las redes. La fragmentación del hábitat estrecha la geografía a la que pueden llegar las esporas.

Un proyecto conjunto entre la Facultad de Selvicultura de la Universidad de Estambul y el Ministerio de Agricultura turco está cartografiando perfiles micorrícicos en los diversos ecosistemas forestales y agrícolas de Turquía. Los hallazgos aportan datos de referencia para la política de biodiversidad del país. Las zonas climáticas variadas de Anatolia ofrecen un campo rico para la investigación.

El mensaje central: por ser invisible, la parte más activa de la biosfera suele pasarse por alto. El resumen de Ars Technica subraya que esta infraestructura subterránea necesita mayor visibilidad en la conversación sobre sostenibilidad. En los próximos años se espera que las políticas climáticas y agrícolas incorporen estas redes subterráneas de forma más directa. Este artículo no constituye consejo de inversión ni agrícola.

Este artículo es un resumen editorial asistido por IA basado en Ars Technica. La imagen es una foto de archivo de Engin Akyurt en Pexels.

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