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El imperio autónomo de Uber: todas las empresas detrás de sus ambiciones sin conductor

TechCrunchhace 8 h
Un coche autónomo con sensores en el techo en una calle de la ciudad
Un coche autónomo con sensores en el techo en una calle de la ciudadPhoto: Stephen Leonardi / Pexels

Uber ha pasado los últimos dos años ensamblando discretamente una de las mayores redes de alianzas en vehículos autónomos del sector, cerrando acuerdos con unas 30 empresas en lugar de apostar el futuro de la compañía por desarrollar tecnología de conducción autónoma internamente, la estrategia que el propio Uber abandonó tras vender su propia división de vehículos autónomos hace varios años.

El enfoque marca un giro deliberado respecto a principios de la década de 2010, cuando Uber y su rival Lyft invirtieron cada uno miles de millones de dólares en investigación propia sobre conducción autónoma, compitiendo por ser los primeros en llegar al mercado con robotaxis. Ambas empresas terminaron concluyendo que desarrollar la tecnología subyacente resultaba prohibitivamente caro y más lento de lo esperado, y ambas vendieron sus unidades de vehículos autónomos a especialistas dedicados.

En lugar de salir del sector, Uber se reposicionó como una capa de plataforma, ofreciendo su enorme red de pasajeros y conductores, su software de despacho y su infraestructura de pagos a desarrolladores de vehículos autónomos que necesitan demanda real y escala operativa para justificar sus propios y colosales costes de investigación y desarrollo. A cambio, Uber cobra una parte de cada viaje autónomo reservado a través de su aplicación sin asumir los costes de capital de construir o mantener una flota autónoma.

La red resultante abarca operadores de robotaxis que ofrecen viajes de pasajeros, empresas centradas en la entrega que construyen robots de acera y carretera para el reparto de comida y paquetes, y desarrolladores de transporte de carga autónomo que exploran rutas de larga distancia. Algunas alianzas implican una inversión directa de capital por parte de Uber, lo que le da a la empresa un potencial beneficio financiero si la tecnología de un socio triunfa a gran escala, mientras que otras son simplemente acuerdos de integración comercial.

La dispersión geográfica de las alianzas es deliberadamente amplia, reflejando el hecho de que distintas empresas de vehículos autónomos han obtenido aprobación regulatoria y experiencia operativa en diferentes ciudades y países. Al asociarse ampliamente en lugar de en exclusiva, Uber se posiciona para ofrecer viajes autónomos en un mercado determinado tan pronto como cualquier socio supere los obstáculos regulatorios y de seguridad locales, en lugar de esperar a que madure una sola apuesta tecnológica.

La estrategia conlleva claras ventajas frente a un enfoque de socio único o interno. Diversifica la exposición de Uber entre múltiples apuestas tecnológicas, cualquiera de las cuales podría tropezar por motivos de seguridad, coste o regulación, al tiempo que garantiza que la empresa esté posicionada para captar la demanda sin importar qué tecnología autónoma termine resultando más viable comercialmente. También evita los enormes costes hundidos que conlleva gestionar un programa interno de investigación en conducción autónoma.

El enfoque no está exento de complicaciones. Coordinar los estándares de seguridad, la responsabilidad de los seguros y la experiencia del cliente entre decenas de sistemas autónomos desarrollados de forma independiente supone un reto operativo considerable, y Uber ha tenido que construir capas de integración que permiten a los pasajeros reservar un robotaxi a través de la misma interfaz de aplicación, sin importar qué empresa opere realmente el vehículo.

Los competidores han adoptado enfoques distintos ante este mismo giro hacia la autonomía. Algunos rivales del sector de los viajes compartidos han optado por alianzas más profundas y exclusivas con un número reducido de desarrolladores de vehículos autónomos, apostando a que una integración más estrecha producirá una mejor experiencia para el pasajero que la red de relaciones más amplia pero más superficial de Uber.

Los analistas del sector afirman que los próximos años pondrán a prueba qué enfoque se impone, a medida que las empresas de vehículos autónomos amplíen sus flotas y las aprobaciones regulatorias se extiendan a nuevos mercados. La apuesta de Uber es, esencialmente, que el valor en la era del robotaxi recaerá en la empresa con la mayor red de demanda existente y la mejor infraestructura de despacho, sin importar qué tecnología autónoma subyacente gane en una ciudad concreta.

Por ahora, el rastreador de acuerdos de vehículos autónomos de Uber funciona como una especie de mapa en tiempo real de dónde se encuentra realmente el sector de la conducción autónoma, yendo más allá de las afirmaciones de marketing de cada empresa para mostrar qué alianzas han pasado de programas piloto a una operación comercial genuina, y cuáles siguen siendo, en gran medida, aspiracionales.

Este artículo es un resumen editorial asistido por IA basado en TechCrunch. La imagen es una foto de archivo de Stephen Leonardi en Pexels.

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