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El histórico acuerdo de 1.500 millones de dólares de Anthropic por derechos de autor recibe la aprobación final

TechCrunchhace 6 h
Un mazo de juez sobre una pila de libros de derecho
Un mazo de juez sobre una pila de libros de derechoPhoto: KATRIN BOLOVTSOVA / Pexels

Un tribunal federal estadounidense ha otorgado la aprobación final al acuerdo de 1.500 millones de dólares alcanzado por Anthropic para resolver las acusaciones de que la empresa de IA utilizó sin permiso libros protegidos por derechos de autor para entrenar sus modelos Claude, cerrando así uno de los litigios más seguidos surgidos del auge de la IA generativa. El acuerdo, anunciado por primera vez el año pasado, se encuentra entre los mayores pagos hechos públicos por una empresa de IA en relación con acusaciones sobre datos de entrenamiento.

El caso se centraba en denuncias, presentadas por un grupo de autores, según las cuales Anthropic habría utilizado copias piratas o de otro modo no autorizadas de libros, incluidas obras obtenidas de las llamadas bibliotecas fantasma que alojan material protegido sin acuerdos de licencia, como parte de los enormes conjuntos de datos de texto empleados para entrenar sus grandes modelos de lenguaje. Los demandantes sostenían que esta práctica constituía una infracción de derechos de autor a una escala que podía afectar a potencialmente cientos de miles de obras individuales.

Según los términos del acuerdo, Anthropic aceptó pagar la suma de 1.500 millones de dólares para compensar a los autores y titulares de derechos cuyas obras se usaron sin autorización, sin admitir haber actuado indebidamente como parte del pacto, una estructura habitual en los grandes acuerdos corporativos que permite resolver un litigio sin que un tribunal determine formalmente responsabilidad. La empresa ha señalado que el acuerdo le permite centrarse en desarrollar sus productos en lugar de en un litigio prolongado.

Un juez federal a cargo del caso había emitido anteriormente un fallo preliminar que atrajo gran atención en todo el sector de la IA, distinguiendo entre el uso de libros adquiridos legalmente para entrenar IA, que el juez sugirió que podría calificar como uso legítimo, y el uso de copias piratas, que el fallo caracterizó con mucho más escepticismo. Esa distinción ha sido citada ampliamente por analistas jurídicos como una señal temprana de cómo podrían abordar los tribunales la ola más amplia de litigios sobre derechos de autor e IA que aún se está tramitando en el sistema.

El caso es uno de varios grandes pleitos presentados contra empresas de IA por autores, editoriales, medios de comunicación y otros creadores de contenido desde que el lanzamiento de ChatGPT y herramientas similares desencadenara una oleada de impugnaciones legales sobre cómo se entrenan los grandes modelos de lenguaje. Otras disputas destacadas, incluidas las que involucran a OpenAI, Meta y Stability AI, siguen sin resolverse y avanzan en paralelo por los tribunales, cada una poniendo a prueba teorías jurídicas ligeramente distintas sobre el uso legítimo, el daño al mercado y la forma concreta en que se obtuvieron los datos de entrenamiento.

Los analistas del sector señalan que un acuerdo de esta magnitud, aunque enorme en términos absolutos, es poco probable que las empresas de IA lo perciban como un elemento disuasorio lo bastante importante como para cambiar de forma generalizada sus prácticas de entrenamiento, dado el volumen de ingresos e inversión que fluye hacia el sector. Algunos observadores jurídicos sostienen que las consecuencias más determinantes vendrán de los casos en curso que produzcan fallos de apelación vinculantes sobre la cuestión de fondo del uso legítimo, más que de acuerdos que resuelven disputas individuales sin sentar un precedente legal amplio.

Los grupos de defensa de autores implicados en el litigio calificaron el acuerdo como un reconocimiento importante de que las empresas de IA no pueden tratar las obras creativas protegidas como material de entrenamiento de libre disposición, aunque también advirtieron de que un pago en efectivo no establece por sí solo un marco legal duradero que regule cómo deberían las empresas de IA otorgar licencias o compensar el uso de material protegido en el futuro.

Anthropic, junto con otros grandes laboratorios de IA, ha estado buscando en paralelo acuerdos de licencia directamente con editoriales y propietarios de contenido, una tendencia que los observadores del sector interpretan como un intento de anticiparse a nuevos litigios estableciendo condiciones negociadas para el uso de datos antes de que las disputas lleguen a los tribunales. La magnitud y los términos de estos acuerdos varían considerablemente y rara vez se divulgan en su totalidad.

El acuerdo no resuelve las cuestiones regulatorias o legislativas más amplias sobre la IA y los derechos de autor que siguen activas en múltiples jurisdicciones, incluidos los debates en curso en el Congreso de Estados Unidos y en varios organismos internacionales sobre si la legislación de derechos de autor vigente aborda adecuadamente el uso de obras creativas para entrenar sistemas de aprendizaje automático, o si se necesita nueva legislación.

Por ahora, la aprobación cierra un capítulo importante en la historia legal de Anthropic, pero el panorama jurídico más amplio en torno a los datos de entrenamiento de IA sigue sin resolverse, con tribunales, legisladores y el propio sector de la IA aún debatiendo qué normas, si es que alguna, deberían regir la forma en que se construyen los modelos a partir de los vastos volúmenes de texto, imágenes y otro material creativo disponibles en internet.

Este artículo es un resumen editorial asistido por IA basado en TechCrunch. La imagen es una foto de archivo de KATRIN BOLOVTSOVA en Pexels.

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