El retroceso de un glaciar provocó un tsunami de 500 metros en un fiordo muy turístico

Un desprendimiento ocurrido en septiembre de 2023 en el fiordo Dickson, en la costa oriental de Groenlandia, generó una de las olas tsunami más altas documentadas en el mundo hasta la fecha. Los detalles se aclararon en un estudio publicado en Nature a principios de mayo de 2026. La ola alcanzó los 500 metros de altura, valor medido tras impactar contra las paredes escalonadas y empinadas del fiordo. A modo de comparación: el tsunami del Océano Índico de 2004 alcanzó unos 35 metros en su punto más alto.
El equipo internacional de investigación, encabezado por la Universidad de Copenhague, califica el evento del fiordo Dickson como una espectacular reacción en cadena ligada al rápido retroceso de un glaciar. El investigador principal, el profesor Kristian Svennevig, declaró a Ars Technica: «Este suceso nos ha revelado una nueva categoría de interacción entre un glaciar y la costa. El retroceso de un glaciar no afecta solamente al nivel del mar, sino también directamente a la estabilidad del litoral». En el evento, alrededor de 25 millones de metros cúbicos de terreno se desprendieron de la ladera de la montaña y cayeron a las aguas del fiordo.
El fiordo Dickson es una formación natural de 70 km de longitud y unos 800 metros de anchura media. Las montañas a lo largo de la orilla superan los mil metros de altura. A pesar de la dureza de las condiciones naturales, el fiordo es un punto de tránsito de rutas de crucero frecuentado en verano por unos 800 turistas al día. Como ha documentado Atlas Obscura, el fiordo ha sido uno de los lugares más importantes en la agenda de la «transformación del turismo glaciar» de Groenlandia desde la década de 2020. En el momento del evento había tres cruceros en el fiordo, pero maniobras rápidas de evacuación impidieron que ninguno se viera afectado directamente. La ola generó in situ oscilaciones del nivel del agua durante 75 horas, registradas por estaciones sísmicas a lo largo de Groenlandia.
El equipo de investigación resume así la cadena causal: el glaciar Dickson, en la orilla del fiordo, ha perdido el 73 % de su masa en los últimos 30 años. El retroceso del glaciar desestabilizó la capa de permafrost del litoral. El verano inusualmente cálido de 2023 reblandeció la capa superior del permafrost. Una porción de la ladera de 25 millones de metros cúbicos se desprendió por gravedad y cayó al agua del fiordo; la velocidad de caída superó los 200 km/h. La transferencia de energía a la columna de agua produjo una ola inicial de 500 metros de altura.
Las características de la ola son singulares. Los tsunamis típicos se desplazan horizontalmente; la ola del fiordo Dickson no pudo desplazarse horizontalmente debido a la forma estrecha del fiordo y chocó contra las paredes costeras verticales. La colisión transfirió la mayor parte de la energía a las rocas del litoral; se han documentado marcas de erosión en las paredes rocosas hasta los 200 metros de altura. Los investigadores, a partir de los sedimentos del fondo del fiordo, establecieron que la velocidad de la corriente inducida por la ola superó los 50 km/h durante 12 horas.
La Dra. Bryony Hughes, climatóloga de la Universidad de Cambridge, resume la relevancia mundial del estudio: «Este suceso muestra que el cambio climático ha creado una nueva categoría de desastres: los megadeslizamientos desencadenados por glaciares. Necesitamos un nuevo modelo de riesgo para regiones como Groenlandia, Alaska, los fiordos noruegos o la Patagonia». Según Hughes, un evento análogo al del fiordo Dickson puede producirse en al menos 12 regiones distintas en los próximos 50 años.
La publicación del estudio también tiene implicaciones importantes para la observación sísmica mundial. Durante el evento, las estaciones sísmicas de todo el mundo registraron durante más de siete días una oscilación a 10,88 milihercios. Al principio, los científicos tuvieron dificultades para atribuir esa oscilación a una fuente natural, porque 10,88 mHz no corresponde a ninguna fuente conocida a escala planetaria. El estudio demostró que la oscilación es una frecuencia de resonancia producida por la persistencia de la ola del fiordo Dickson en forma de «seiche» (ola de lago).
Las autoridades de Groenlandia reevaluaron los itinerarios de cruceros del país tras el evento. La ministra de Medio Ambiente, Mariane Paviasen, anunció que se había iniciado una «evaluación de riesgo de estabilidad glaciar-ladera» para 28 fiordos. Según los resultados de la evaluación, se realizarán cambios en las rutas de cruceros y, en particular, los planes de transporte de verano se vincularán a un sistema de radar que monitoriza la velocidad de fusión de los glaciares. Se prevé que el sistema entre en funcionamiento en 2027, con una inversión total estimada en 47 millones de coronas danesas.
Otros enclaves de fiordos turísticos, como el fiordo de Silamiut en Noruega, Tracy Arm en Alaska o Punta Arenas en Chile, han puesto en marcha evaluaciones similares tras el evento del fiordo Dickson. Una revisión preliminar del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) ha clasificado a 89 fiordos del mundo en la categoría de «riesgo alto». El informe del PNUMA prevé que la capacidad de los fiordos para producir desprendimientos vía fusión glaciar se multiplicará entre tres y cinco veces en los próximos 30 años.
La repercusión del evento del fiordo Dickson en la comunidad científica internacional continúa. El suceso será objeto de un capítulo aparte en el informe de evaluación de 2027 del IPCC (Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático), bajo el epígrafe «glacial-coastal cascading hazards» (peligros encadenados glaciar-costa). La identificación de esta nueva categoría marca un cambio importante en la modelización de riesgos asociados al impacto del cambio climático. En palabras del profesor Svennevig: «Una ola de 500 metros no solo señala cuánto va a modificar el litoral el retroceso glaciar; también apunta a procesos subterráneos invisibles a simple vista».