Eli Lilly encabeza una nueva clasificación de la I+D farmacéutica

Medir la productividad de la I+D farmacéutica ha sido durante mucho tiempo un ejercicio polémico. Pueden pasar años entre la patente de un fármaco y su llegada al mercado; la comunicación que lo rodea tiende a difuminar la cuestión de qué se ha descubierto realmente. Un nuevo par de análisis publicado por STAT News clasifica a las mayores farmacéuticas del mundo según dos ejes: invención (laboratorios que descubren nuevos compuestos activos) e innovación (laboratorios que encuentran nuevos usos para los ya existentes).
Eli Lilly encabezó ambos rankings. La compañía con sede en Estados Unidos ha obtenido la aprobación de 14 nuevos compuestos activos en los últimos cinco años y ha trasladado ocho moléculas existentes a nuevas indicaciones. Su agonista del receptor GLP-1, la tirzepatida, es el más visible; sigue produciendo efectos clínicos significativos en obesidad y diabetes.
Bristol Myers Squibb ocupó el segundo puesto en el ranking de invención. La compañía llevó al mercado siete nuevos compuestos activos en los últimos tres años, ayudada por sus inversiones en inmunooncología. Boehringer Ingelheim, en tercer lugar, fue señalada por su concentración en enfermedades respiratorias crónicas y trastornos genéticos raros.
El ranking de innovación mide actividades como reposicionar moléculas existentes, desarrollar nuevas formas farmacéuticas, fabricar biosimilares o generar evidencia para poblaciones distintas. Allí Roche fue segunda y Novo Nordisk tercera. La capacidad de Novo de producir evidencia clínica para su semaglutida en tres usos diferentes — diabetes, obesidad y, más recientemente, enfermedad renal crónica — se describió como una campaña inusualmente bien ejecutada.
El equipo que elaboró el ranking estuvo encabezado por el analista farmacéutico veterano Bernard Munos, una figura académica frecuentemente citada por sus análisis estadísticos de las aprobaciones de la FDA durante las últimas dos décadas. La metodología combina las aprobaciones de la FDA, EMA y PMDA de los últimos 60 meses, las tasas de abandono desde célula hasta aprobación, y el gasto en I+D por fase clínica.
En la presentación, Munos sostuvo que la fórmula tradicional de "gasto de I+D dividido por número de nuevos fármacos" había quedado obsoleta. "Durante veinte años, las empresas se han comparado con ese único ratio simple", afirmó. "Pero en la realidad, un laboratorio puede llevar al mercado tres nuevos compuestos activos en un solo año — algo excepcional — o puede sacar uno que sea el mayor logro de cuatro años. El punto de comparación es erróneo".
Algunos nombres conocidos quedan en posiciones medias o bajas. AstraZeneca aparece novena en I+D de nuevos compuestos activos en los últimos cinco años. Pfizer, tras los desplazamientos de inversión posteriores a la COVID-19, retrocedió al puesto 11 en innovación. Sanofi figura en el lugar 14 en I+D de nuevos compuestos activos.
El análisis llega junto al debate sobre el precio de los medicamentos tanto en Estados Unidos como en Europa. Los planes de la administración Trump para ampliar el programa TrumpRx, el tope de precio impuesto por el estado de Maryland al Ozempic y la adopción por parte del Reino Unido del modelo de Massachusetts para la regulación del tabaco convierten esta clasificación en un conjunto de datos que los responsables políticos seguirán con atención.
"No existe una correlación simple y directa entre la I+D y los precios", escribió Munos en el prólogo. "Pero cuando una empresa no ha producido ningún nuevo compuesto activo en cinco años y no ha sumado nuevas indicaciones clínicas a sus moléculas existentes, una subida de precios no puede justificarse por motivos de I+D. Esta lista muestra para qué empresas funciona ese argumento — y para cuáles no".
Los autores planean publicar, en los próximos doce meses, un ranking separado para empresas más pequeñas — aquellas con una facturación anual inferior a 2.000 millones de dólares — con el mismo conjunto de datos. Se estima que cerca de un tercio de la I+D farmacéutica de gran escala pasa hoy de pequeñas biotecnológicas a los grandes laboratorios a través de acuerdos de licencia.