La escasez de anestesistas del NHS impide 1,5 millones de operaciones al año

Un informe publicado recientemente revela que el Servicio Nacional de Salud de Inglaterra (NHS) es incapaz de realizar cerca de 1,5 millones de operaciones al año debido a la escasez de anestesistas. Esa cifra equivale a unos 4.000 procedimientos diarios que se retrasan o directamente no pueden llevarse a cabo, a causa de un déficit de personal en una sola especialidad médica.
Los autores del informe atribuyen el problema a factores estructurales: la duración de la formación de los anestesistas, un número de plazas formativas que no ha seguido el ritmo de la demanda, y una parte importante de la plantilla actual que se acerca a la jubilación. El resultado es un cuello de botella en el que la capacidad quirúrgica ya no está limitada por el número de quirófanos, sino por el número de profesionales cualificados capaces de administrar anestesia.
Más de 8 millones de pacientes figuran actualmente en listas de espera en Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte. Una parte considerable espera intervenciones quirúrgicas de alta prioridad, desde operaciones oncológicas hasta cirugía ortopédica.
Los anestesistas no se limitan a mantener a los pacientes inconscientes durante la operación; realizan evaluaciones de riesgo preoperatorias, monitorizan continuamente las funciones vitales durante el procedimiento y planifican el manejo del dolor postoperatorio. Por eso, la disponibilidad de un cirujano por sí sola no basta para que una operación se lleve a cabo: sin un anestesista disponible, el procedimiento debe posponerse.
Expertos citados en el informe señalan que este déficit se vuelve especialmente notorio en los casos complejos y de alto riesgo. La anestesia en pacientes mayores o con múltiples enfermedades crónicas requiere una experiencia más especializada, lo que reduce aún más un ya limitado grupo de especialistas disponibles.
Las consecuencias van más allá de unos tiempos de espera más largos, según los expertos. La imposibilidad de trabajar de los pacientes mientras esperan una cirugía, el aumento de los costos sanitarios a largo plazo y la menor eficiencia general del sistema se citan entre los efectos indirectos de esta escasez.
Los colegios profesionales sostienen que la escasez exige una ampliación urgente de las plazas de formación en anestesia. Pero como un anestesista recién formado tarda años en alcanzar plena competencia, no se espera que el efecto de esas medidas se note a corto plazo.
Algunos hospitales intentan reorganizar los horarios de los quirófanos para aprovechar de forma más eficiente a los anestesistas ya en plantilla, adoptar sistemas de monitorización asistidos por tecnología y evaluar enfoques anestésicos alternativos para determinados procedimientos de bajo riesgo. Los expertos reconocen, sin embargo, que estas medidas están lejos de resolver el déficit estructural de personal.
Las autoridades sanitarias señalan que el problema no es exclusivo de Inglaterra: numerosos países occidentales enfrentan escaseces de anestesistas similares. Pero la estructura centralizada y financiada con fondos públicos del NHS hace que los efectos sean mucho más visibles, reflejándose directamente en listas de espera que pacientes y opinión pública pueden seguir.
Los autores del informe sostienen que el gobierno necesita invertir con urgencia en una planificación de personal a largo plazo para cerrar esta brecha, advirtiendo que, sin esa acción, millones de pacientes seguirán enfrentando un acceso restringido a la atención quirúrgica que necesitan en los próximos años.
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