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El Sesquicentenario de 1926: por qué fracasó la fiesta del 150 aniversario de EE. UU.

Smithsonian Historyhace 1 h
Una fotografía antigua del arco de un recinto ferial de exposición
Una fotografía antigua del arco de un recinto ferial de exposiciónPhoto: Chris F / Pexels

En el verano de 1926, Estados Unidos se propuso celebrar el 150 aniversario de la Declaración de Independencia con una gran exposición en Filadelfia. El evento, conocido como la Exposición Internacional del Sesquicentenario, pretendía rivalizar con las grandes ferias mundiales de la época y honrar la cuna de la independencia estadounidense. En cambio, según la revista Smithsonian, se convirtió en uno de los fracasos más notorios de la historia de las celebraciones públicas del país.

La ambición era considerable. Filadelfia había acogido la célebre Exposición del Centenario de 1876, un triunfo que atrajo a millones y mostró la industria estadounidense al mundo. Medio siglo después, la ciudad esperaba repetir aquel éxito y reafirmar su lugar como cuna de la república. El plan era una feria extensa de edificios grandiosos, exhibiciones y participación internacional.

La ejecución quedó muy por debajo. Los preparativos estuvieron plagados de retrasos, y cuando la exposición abrió, gran parte estaba sin terminar. Los visitantes se encontraron con obras aún en marcha, exhibiciones incompletas y un recinto que no estaba listo para recibirlos. Una celebración destinada a proyectar confianza transmitió, en cambio, desorganización desde sus primeros días.

El tiempo empeoró una situación ya difícil. La temporada fue inusualmente lluviosa, y la lluvia cayó buena parte de los días que la exposición estuvo abierta, convirtiendo el recinto en barro y manteniendo alejado al público. Para un evento que dependía de la asistencia para cubrir sus enormes costes, el mal tiempo persistente estuvo cerca de ser ruinoso.

La asistencia nunca se acercó a las esperanzadoras proyecciones. Las entradas pagadas quedaron muy por debajo de lo que los organizadores habían previsto, y la falta de visitantes se tradujo directamente en falta de ingresos. La exposición se había construido sobre el supuesto de multitudes enormes, y cuando no se materializaron, sus finanzas se derrumbaron.

El resultado fue un desastre financiero. La exposición terminó profundamente endeudada y se deslizó hacia la bancarrota, dejando facturas impagadas y una maraña de pérdidas en lugar de la gloria cívica que sus planificadores habían imaginado. Lo que se pretendía como un orgulloso escaparate nacional se convirtió en una advertencia sobre la desmesura y la mala planificación.

Tanto historiadores como contemporáneos tuvieron dificultades para explicar cómo la celebración de un aniversario tan importante pudo salir tan mal. Las razones ofrecidas van desde una organización apresurada y una financiación inadecuada hasta la naturaleza cambiante del entretenimiento público en los años veinte, una era de la radio, el cine y el automóvil, cuando una exposición tradicional quizá tenía menos atractivo que antes.

Está también la cuestión de la comparación. El Centenario de 1876 había fijado un listón altísimo, y el Sesquicentenario se midió con un recuerdo de triunfo que no podía igualar. Suceder a un predecesor querido es difícil en cualquier ámbito, y el peso de las expectativas quizá hizo que las carencias de la feria de 1926 resultaran aún más evidentes.

No todo en la exposición fue un fracaso, y algunos elementos y estructuras asociados a ella dejaron una marca duradera en Filadelfia. Pero el veredicto general, emitido en su momento y repetido desde entonces, fue duro, y el evento se asentó en la memoria pública como símbolo de buenas intenciones deshechas por una mala ejecución.

El episodio perdura como un capítulo pequeño pero elocuente en la historia de cómo las naciones marcan sus hitos. Los aniversarios invitan a los grandes gestos, y los grandes gestos invitan al riesgo del gran fracaso. El Sesquicentenario se recuerda menos por lo que celebraba que por lo completamente que la propia celebración se torció, un recordatorio de que incluso una ocasión orgullosa puede deshacerse por la lluvia, la deuda y la prisa.

Este artículo es un resumen editorial asistido por IA basado en Smithsonian History. La imagen es una foto de archivo de Chris F en Pexels.

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