Ayuno intermitente y deterioro cognitivo: qué reveló un nuevo estudio piloto

Un nuevo estudio piloto ha aportado primeros indicios de que restringir las horas en las que se come podría ayudar a frenar el deterioro cognitivo en la vejez. Según los investigadores, las mujeres mayores que limitaron sus comidas y refrigerios a una ventana de nueve horas, y evitaron comer en las cuatro horas previas a acostarse, obtuvieron mejores resultados en pruebas de resolución de problemas que las mujeres que no siguieron ese patrón. El estudio se suma a un creciente conjunto de investigaciones que examinan si el momento en que comemos, y no solo lo que comemos, podría influir en la salud cerebral a largo plazo.
El término "ayuno intermitente" abarca una amplia variedad de enfoques alimentarios basados en abstenerse de comer durante ciertas horas del día, siendo el más conocido el método 16:8, en el que todas las comidas se realizan dentro de una ventana diaria de ocho horas. Otras variantes incluyen el ayuno en días alternos y el método 5:2, que restringe la ingesta calórica dos días no consecutivos a la semana. Este nuevo estudio se centró específicamente en cómo se relaciona la alimentación con horario restringido en adultos mayores con la función cognitiva, en lugar de con la pérdida de peso, que ha sido el enfoque principal de la mayoría de las investigaciones sobre el ayuno hasta ahora.
El estudio incluyó a mujeres mayores con sobrepeso u obesidad. Algunas participantes limitaron sus comidas a una ventana de nueve horas y dejaron de comer al menos cuatro horas antes de acostarse, mientras que un grupo de comparación distribuía sus comidas en un periodo más largo sin restricción alguna. Los investigadores compararon después los resultados de las pruebas cognitivas entre ambos grupos al final del periodo de intervención, junto con otras medidas como el peso corporal y marcadores metabólicos.
Las "pruebas de resolución de problemas" que realizaron las participantes suelen evaluar habilidades mentales superiores como la planificación, el razonamiento y la adaptación a nuevas situaciones, capacidades que se encuentran entre los dominios cognitivos más vulnerables al deterioro con la edad y que a menudo se ven afectadas en las primeras etapas de la demencia, mucho antes de que la pérdida de memoria resulte perceptible. Los investigadores consideran este tipo de pruebas especialmente relevante porque estas capacidades están estrechamente ligadas a la posibilidad de tomar decisiones complejas y vivir de forma independiente en el día a día.
Los investigadores no llegaron a conclusiones firmes sobre el mecanismo exacto detrás de la diferencia observada, pero señalaron que la alimentación con horario restringido podría mejorar la sensibilidad a la insulina, reducir la inflamación y acercar los patrones alimentarios al ritmo circadiano natural del cuerpo, factores que en teoría podrían favorecer la salud cerebral. Algunos científicos también han planteado la hipótesis de que periodos de ayuno nocturno más largos podrían favorecer los propios procesos de limpieza nocturna del cerebro, aunque este estudio no puso a prueba directamente ese mecanismo. Este tipo de hipótesis fisiológicas se apoya por ahora en evidencia indirecta procedente de estudios en animales y de pequeños estudios en humanos, por lo que siguen siendo suposiciones pendientes de confirmación incluso a la luz de los resultados de este estudio.
El equipo de investigación tuvo cuidado de subrayar que los hallazgos son preliminares y no concluyentes. Se trató de un estudio piloto a pequeña escala, y sus resultados no demuestran que el ayuno intermitente prevenga o revierta el riesgo de demencia; apuntan a una asociación que merece mayor investigación mediante ensayos más amplios y rigurosamente controlados antes de poder extraer conclusiones firmes.
Investigaciones previas ya habían examinado los efectos de la alimentación con horario restringido sobre el control del peso y del azúcar en sangre, encontrando en general beneficios modestos en ambos aspectos; este nuevo estudio añade el indicio de que esos efectos metabólicos ya conocidos también podrían estar vinculados a la salud cognitiva en etapas más avanzadas de la vida.
El conjunto más amplio de investigaciones sobre cómo frenar el deterioro cognitivo señala la importancia de factores del estilo de vida como la actividad física regular, un sueño de calidad y una alimentación equilibrada; este nuevo hallazgo sugiere que el horario de las comidas podría ser otro factor a sumar a ese panorama, en lugar de sustituir esos hábitos ya establecidos.
Los investigadores señalan explícitamente que la muestra se limitó a mujeres mayores con sobrepeso u obesidad, y que los resultados no pueden generalizarse a otros grupos de edad, sexos o tipos corporales, incluidos los hombres mayores o las personas con un peso saludable. Se necesitan estudios más amplios con participantes más diversos para determinar si el mismo patrón se cumple de forma más general.
Los expertos recomiendan que los adultos mayores en particular consulten a un médico antes de realizar cambios importantes en sus patrones de alimentación, ya que restringir los horarios de las comidas puede no ser adecuado para todos, incluidas las personas que toman ciertos medicamentos, quienes tienen diabetes o quienes tienen antecedentes de trastornos alimentarios. Este estudio piloto se considera un punto de partida para investigaciones más amplias sobre la relación entre el ayuno intermitente y la salud cognitiva, y no como base para nuevas recomendaciones dietéticas. Según los investigadores, el siguiente paso debería ser realizar estudios a más largo plazo que incluyan a hombres, un rango de edad más amplio y una mayor diversidad de tipos corporales, aunque ensayos de esa envergadura suelen tardar años en completarse y publicarse.
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