Estatinas en personas mayores: ¿es seguro dejar de tomarlas después de los 75 años?

Para millones de adultos mayores, una pastilla diaria de estatina es una rutina de décadas, iniciada en algún momento de la mediana edad para bajar el colesterol y reducir el riesgo de infarto o ictus, y rara vez cuestionada después. Un nuevo estudio añade peso a una pregunta que los médicos se hacen cada vez más sobre los pacientes de más edad: ¿todos necesitan seguir tomándola para siempre? Los investigadores descubrieron que suspender las estatinas en personas mayores de 75 años con bajo riesgo de enfermedad cardíaca no aumentó las muertes.
Las estatinas están entre los medicamentos más recetados del mundo, y se les atribuye una reducción significativa de las tasas de infarto e ictus desde que entraron en uso generalizado hace décadas. Sin embargo, como los grandes ensayos clínicos que establecieron sus beneficios incluyeron sobre todo a adultos de mediana edad, durante mucho tiempo ha existido un vacío de evidencia para personas de setenta, ochenta años y más, una población en la que, pese a todo, las estatinas se recetan con la misma rutina, a menudo sin volver a evaluarse nunca.
La nueva investigación se centra específicamente en la prevención primaria: personas mayores de 75 años que nunca habían tenido un infarto, un ictus u otro evento cardiovascular, y que tomaban una estatina para reducir su riesgo de base y no para prevenir una recaída. Esa es una distinción importante, porque no dice nada sobre las estatinas recetadas después de que alguien ya ha tenido un infarto o un ictus, la llamada prevención secundaria, donde la evidencia a favor de mantener el medicamento de por vida sigue siendo sólida e inalterada.
Dentro del grupo de bajo riesgo en prevención primaria que siguió el estudio, los participantes que dejaron de tomar su estatina no murieron a una tasa mayor que quienes continuaron. Ese hallazgo importa porque contradice la suposición común de que cualquier interrupción de la terapia con estatinas conlleva un riesgo significativo, sin importar las circunstancias individuales del paciente ni cómo se recetó originalmente el medicamento.
La pregunta de si conviene seguir recetando estatinas de manera indefinida a pacientes muy mayores lleva años creciendo, impulsada por las realidades prácticas del envejecimiento. Los adultos mayores tienen más probabilidades de tomar varios medicamentos a la vez, lo que aumenta el riesgo de interacciones y efectos secundarios, y algunos pacientes han asociado las estatinas en particular con dolores y debilidad muscular que pueden afectar la movilidad y la calidad de vida. A medida que las personas superan más los 75 años, otras causas de muerte también se vuelven más probables en relación con la enfermedad cardiovascular, lo que puede inclinar la balanza entre los beneficios de un medicamento y sus cargas.
La 'desprescripción', el proceso deliberado de suspender o reducir medicamentos que ya podrían no aportar un beneficio claro, se ha convertido en un área propia de la investigación geriátrica precisamente por ese equilibrio cambiante. Sus defensores sostienen que las decisiones de tratamiento tomadas a los cincuenta o sesenta años no deberían prolongarse automáticamente, sin revisión, hasta los ochenta o noventa, en particular para medicamentos tomados para prevenir un primer evento que, estadísticamente, se vuelve cada vez menos probable como factor determinante de cuánto vivirá una persona.
Los autores del estudio y otros investigadores externos son cuidadosos al trazar una línea clara sobre a quién se aplican los hallazgos. Las personas con antecedentes de infarto, ictus, diabetes, colesterol alto familiar u otras condiciones de riesgo elevado no fueron el foco de esta investigación, y los cardiólogos siguen recomendando que esos pacientes continúen con estatinas sin importar su edad, ya que la evidencia de beneficio en prevención secundaria sigue siendo sólida en todos los grupos de edad.
Los geriatras y cardiólogos que atienden a pacientes mayores han recibido los nuevos datos como un paso hacia una atención más individualizada, en lugar de una regla general en cualquiera de los dos sentidos. El objetivo, según varios de ellos, no es animar a todo paciente mayor a dejar su estatina, sino dar a médicos y pacientes evidencia sólida en la que apoyarse al decidir, caso por caso, si un medicamento recetado años o décadas atrás sigue teniendo sentido dado el estado de salud actual, la esperanza de vida y las prioridades de la persona.
Para los pacientes, el mensaje práctico de la investigación no es dejar una estatina por cuenta propia. Cualquier decisión de suspender el medicamento debe tomarse junto con un médico, capaz de sopesar el perfil de riesgo cardiovascular completo del paciente, otras condiciones de salud y preferencias personales, factores que el grupo de bajo riesgo en prevención primaria del estudio no necesariamente refleja para cada lector en particular.
Los hallazgos se suman a un impulso más amplio en la medicina geriátrica para ajustar la intensidad del tratamiento al beneficio real que probablemente aporte a medida que las personas envejecen, en lugar de asumir por defecto la continuación de por vida de medicamentos iniciados décadas atrás. A medida que la población mundial de adultos mayores de 75 años sigue creciendo, los investigadores dicen que es probable que sigan más estudios como este, que ponen a prueba supuestos de prescripción muy arraigados específicamente en los pacientes de mayor edad.
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