Historia

Peste negra en Suiza: por qué los jóvenes trabajadores sufrieron más

HistoryExtrahace 2 h
Callejón con niebla en un pueblo europeo medieval
Callejón con niebla en un pueblo europeo medievalPhoto: Jgcachafeiro / Pexels

Una nueva ola de investigación histórica sobre un brote de peste ocurrido en Suiza en el siglo XVII está cuestionando uno de los supuestos más antiguos sobre la peste negra: la idea de que, como enfermedad, actuaba como un "gran igualador", golpeando por igual a ricos y pobres sin distinción de rango social. Los investigadores que examinaron los patrones de mortalidad de ese brote sostienen, en cambio, que un grupo concreto soportó una parte desproporcionada de las muertes: los jóvenes trabajadores asalariados que no podían permitirse dejar de trabajar o viajar.

La peste negra se refiere, en su sentido más estricto, a la pandemia inicial que arrasó Europa entre 1347 y 1351, matando a un porcentaje estimado de entre el 30 y el 50 % de la población del continente. Causada por la bacteria Yersinia pestis y propagada en gran parte por las pulgas transportadas por roedores, llegó a través de rutas comerciales procedentes de Asia Central y se extendió rápidamente tanto por las abarrotadas ciudades medievales como por el campo.

Lo que es menos conocido fuera del ámbito académico es que esa pandemia inicial fue solo la primera de muchas. La peste regresó a Europa en oleadas recurrentes durante los cuatro siglos siguientes, apareciendo de forma regional más que continental; Suiza registró brotes graves hasta bien entrado el siglo XVII, antes de que la enfermedad retrocediera gradualmente en Europa occidental a comienzos del siglo XVIII. Otros brotes conocidos del siglo XVII, como la Gran Peste de Londres de 1665, forman parte de ese mismo patrón recurrente en lugar de ser hechos aislados, lo que subraya cuán persistente siguió siendo la enfermedad en la región mucho después de la pandemia del siglo XIV.

La descripción de "gran igualador" ha circulado durante siglos, en parte porque la peste, a diferencia de muchos otros peligros premodernos, no requería contacto estrecho con una persona infectada para propagarse: las pulgas y los roedores que las transportaban podían entrar en hogares de cualquier clase social. Algunos comentaristas de la época moderna temprana presentaron explícitamente la mortalidad masiva como una demostración de que la enfermedad no distinguía entre ricos y pobres.

Los historiadores que han estudiado la mortalidad con más detalle han complicado cada vez más ese panorama. Al cruzar los registros parroquiales de enterramientos con los registros fiscales y de propiedad de las comunidades suizas afectadas, los investigadores pudieron reconstruir no solo cuántas personas murieron durante el brote del siglo XVII, sino quiénes eran: su edad aproximada, su estado civil y su posición económica.

Según esa investigación, el grupo que murió en mayor proporción fue el de los jóvenes trabajadores, mayoritariamente solteros, que vivían de un salario en lugar de tierras heredadas o reservas familiares. Esos mismos registros sugieren que las mujeres y los cabezas de familia mayores y más establecidos estaban comparativamente mejor representados entre los supervivientes, aunque los investigadores advierten que la documentación conservada es más incompleta para algunos grupos sociales que para otros. Los historiadores implicados en el estudio sostienen que este patrón apunta tanto a una exposición de origen económico como al mero azar biológico.

El razonamiento se deriva de cómo se propagaba la peste. Los hogares más acomodados, con tierras, ahorros o alimentos almacenados, tenían la opción de aislarse en una propiedad rural, cortar el contacto con personas de fuera o simplemente dejar de trabajar durante un tiempo sin caer en la miseria. Los trabajadores que dependían de un salario diario o estacional generalmente no tenían esa opción; seguir trabajando en mercados, talleres y alojamientos compartidos los mantenía en contacto más estrecho y frecuente con las rutas por las que circulaban las pulgas y los roedores infectados.

No es el primer estudio regional que encuentra que la mortalidad por peste variaba según el estatus económico en lugar de golpear de forma uniforme. Historiadores que han examinado brotes en distintas ciudades europeas ya habían señalado que los barrios urbanos pobres y superpoblados a menudo registraban tasas de mortalidad más altas que los barrios acomodados, aunque el grado de esa variación, y sus causas, difería de un lugar a otro y sigue siendo un tema de investigación activo.

Lo que aporta el caso suizo, según los investigadores, es una imagen más clara de un grupo vulnerable específico -los jóvenes trabajadores asalariados y móviles- en lugar de tratar "a los pobres" como una categoría única e indiferenciada. Esa distinción importa a los historiadores porque sugiere que la movilidad laboral y la necesidad de seguir ganando un salario, y no solo la pobreza, determinaron quién quedaba expuesto al contagio.

Los hallazgos se suman a una revaluación más amplia entre los historiadores sobre cómo la estructura social y económica condicionó la supervivencia durante las epidemias premodernas en general. En lugar de descartar la idea de que la peste era indiscriminada a nivel del propio patógeno, este cuerpo de investigación sostiene que el impacto de la enfermedad en cualquier comunidad seguía estando filtrado en buena medida por la desigualdad existente, un patrón que demógrafos posteriores han rastreado en brotes muy posteriores a la época medieval y moderna.

Este artículo es un resumen editorial asistido por IA basado en HistoryExtra. La imagen es una foto de archivo de Jgcachafeiro en Pexels.

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