Salud

Cinco maneras prácticas de mantener frescos a los niños durante una ola de calor

BBC Healthhace 15 h
Un niño bebe agua a la sombra en un parque, en verano.
Un niño bebe agua a la sombra en un parque, en verano.Photo: Liliana Drew / Pexels

A medida que suben las temperaturas en el Reino Unido y otras partes de Europa, los pediatras reciben siempre la misma pregunta: ¿cómo proteger a bebés y niños pequeños durante una ola de calor? La BBC, basándose en recomendaciones de la UK Health Security Agency (UKHSA) y del Royal College of Paediatrics and Child Health, plantea cinco pasos sencillos que cubren la mayoría de situaciones. Los niños se calientan más rápido que los adultos porque su superficie corporal es grande respecto al peso y los mecanismos de sudoración aún están inmaduros.

El primer paso es la hidratación. La UKHSA indica que los lactantes menores de un año deben continuar con leche materna o de fórmula como de costumbre, y se pueden ofrecer pequeñas cantidades de agua hervida y enfriada entre tomas cuando la temperatura supera los 25 °C. En niños mayores la sed no es buena guía: la agencia recomienda ofrecer agua, zumo diluido o leche con regularidad y vigilar que la orina se mantenga de color amarillo pálido.

El segundo paso es la ropa. Tejidos de algodón ligeros y de colores claros, sombrero de ala ancha que cubra nuca y orejas, y crema solar con factor 30 como mínimo, reaplicada cada dos horas. Los pediatras subrayan que los bebés menores de seis meses deben permanecer fuera de la luz solar directa y que la sombrilla del cochecito por sí sola no basta: el aire tiene que poder circular.

El tercer paso es el horario. El juego intenso al aire libre y la exposición directa al sol deben evitarse entre las 11:00 y las 15:00, cuando la radiación UV alcanza su pico. Los paseos por el parque, la playa o la calle se programan mejor a primera hora de la mañana o al final de la tarde. La UKHSA advierte también sobre superficies reflectantes — aparcamientos, paredes blancas, arena — donde la temperatura a nivel del suelo puede superar en varios grados la registrada a la sombra.

El cuarto paso se centra en el dormitorio. La temperatura recomendada para dormir está entre 16 °C y 20 °C; por encima, basta con una sábana fina. Las ventanas y persianas deben permanecer cerradas durante las horas más calurosas y abrirse al caer la tarde, cuando el aire exterior baja. Si se usa ventilador, no debe orientarse directamente al bebé: solo sirve para mover el aire de la habitación. Para comprobar si un niño tiene demasiado calor de noche, los pediatras aconsejan tocarle la nuca o el pecho, no las manos ni los pies.

El quinto paso, y el más importante, es reconocer las señales de alarma. La UKHSA destaca tres: irritabilidad o somnolencia inusual, piel seca con menor producción de orina, y fiebre por encima de los 38 °C. Ante cualquiera de ellas hay que llevar al niño a una habitación fresca, desvestirle, refrescarle con agua templada (no fría) y ofrecer pequeños sorbos de líquido. Si aparecen confusión, desmayo o vómitos, hay que llamar al 999 de inmediato.

Los expertos insisten también en el peligro de los coches. A 22 °C en el exterior, el interior de un vehículo cerrado puede superar los 40 °C en diez minutos, recuerda el Royal College of Paediatrics and Child Health. Ningún niño debe quedarse solo en un coche, ni siquiera para un recado breve.

Las piscinas son otra duda frecuente. Son una buena forma de refrescarse, pero los rayos UV se reflejan en el agua y ganan intensidad, por lo que la crema solar debe reaplicarse cada dos horas y tras cada salida. La supervisión constante de un adulto es imprescindible para cualquier niño menor de ocho años, incluso en aguas poco profundas.

Para escuelas y guarderías, la BBC resume el protocolo habitual: abrir ventanas a primera hora, bajar persianas por la tarde, mover la educación física a la sombra o al interior, permitir acceso libre a las botellas de agua. El Department for Education otorga a los directores margen para adaptar el horario en olas de calor extremas, opción que algunos colegios primarios ingleses aplicaron en el pico de junio.

El mensaje de fondo es sobrio: las olas de calor son cada vez más frecuentes en el Reino Unido y los niños las sufren de forma desproporcionada. El aire acondicionado caro no es la solución para la mayoría de familias; hidratación, sombra, ropa adecuada, un dormitorio fresco y atención a los primeros síntomas aportan, según los pediatras, casi toda la protección que un niño necesita.

Este artículo es un resumen editorial asistido por IA basado en BBC Health. La imagen es una foto de archivo de Liliana Drew en Pexels.

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