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Purificadores de aire: qué hacen y cuándo ayudan realmente contra el humo

Guardian Healthhace 3 h
Un purificador de aire funcionando en una sala de estar con luz neblinosa entrando por la ventana
Un purificador de aire funcionando en una sala de estar con luz neblinosa entrando por la ventanaPhoto: Elena Golovchenko / Pexels

El humo que se desplaza hacia el sur desde los incendios forestales en Canadá, sumado a los incendios que arden en Minnesota, ha llevado a más de 20 estados de EE. UU. a emitir alertas de calidad del aire este mes, con autoridades locales pidiendo a los residentes del Medio Oeste y el Noreste que permanezcan en interiores. Este consejo ha llevado a muchos hogares a buscar una solución rápida: un purificador de aire doméstico. Pero no todos los purificadores hacen el mismo trabajo, y entender qué filtran realmente estos aparatos marca la diferencia entre un gasto bien hecho y un ventilador caro.

El principal contaminante de preocupación en el humo de incendios forestales es el PM2.5, partículas finas de menos de 2,5 micrómetros, unas 30 veces más delgadas que un cabello humano. Debido a su tamaño diminuto, estas partículas eluden las defensas habituales del cuerpo, se alojan en lo profundo de los pulmones y, con el tiempo, pueden entrar en el torrente sanguíneo. La exposición prolongada se ha vinculado con enfermedades cardíacas y pulmonares; los picos breves, como los de los episodios de humo, pueden desencadenar crisis de asma, tos e irritación de ojos y garganta incluso en personas sanas.

Un purificador de aire de verdad hace pasar el aire de la habitación por un ventilador y un filtro, normalmente un filtro HEPA (de alta eficiencia), certificado para capturar al menos el 99,97 % de las partículas de 0,3 micras, el tamaño más difícil de atrapar. Muchos aparatos combinan el filtro HEPA con una capa de carbón activado, que absorbe gases y olores en lugar de partículas sólidas, útil contra el olor acre que acompaña a los episodios de humo, pero que no sustituye por sí sola a la filtración de partículas.

El tamaño del aparato importa tanto como el tipo de filtro. Los fabricantes clasifican los purificadores según el CADR, o tasa de suministro de aire limpio, que mide cuánto aire filtrado produce un aparato por minuto. Un purificador pensado para un dormitorio pequeño apenas reducirá el nivel de partículas en una sala de estar de planta abierta, por bueno que sea su filtro. Los investigadores de salud pública suelen recomendar que el CADR cubra al menos dos tercios de la superficie de la habitación para lograr resultados significativos, y mantener el aparato encendido de forma continua durante un episodio de humo en lugar de apagarlo y encenderlo.

Lo que los purificadores no pueden hacer es igual de importante. No filtran el dióxido de carbono, así que una habitación cerrada puede seguir sintiéndose cargada. No calientan ni enfrían. Y ofrecen poca protección si las ventanas y puertas permanecen abiertas, o si la habitación es simplemente demasiado grande para la capacidad del aparato: el humo seguirá entrando y diluyendo lo que el filtro logre retirar.

Para los hogares que no pueden o no quieren comprar un purificador comercial, las agencias de salud pública señalan cada vez más una alternativa de bajo costo durante los episodios de humo: un ventilador de caja con uno o varios filtros de calefacción sujetos a la entrada de aire, a veces llamado caja Corsi-Rosenthal, en honor a los ingenieros que popularizaron el diseño. Pruebas independientes han encontrado que estos aparatos caseros pueden acercarse al rendimiento de modelos comerciales mucho más caros, a una fracción del costo.

Estos episodios de humo también se inscriben en un contexto más amplio. Los datos sobre la contaminación por partículas finas muestran que la calidad del aire en EE. UU. venía mejorando durante décadas, con los niveles de PM2.5 en descenso en 41 estados hasta alrededor de 2016. Los investigadores señalan que la reciente serie de grandes incendios forestales, intensificada por la sequía y el calor, ha comenzado a erosionar esas mejoras en las regiones más expuestas al humo, incluso a cientos de kilómetros de los propios incendios.

Durante una alerta activa de humo, las autoridades sanitarias recomiendan mantener cerradas puertas y ventanas, hacer funcionar los purificadores de forma continua en las habitaciones donde más tiempo se pasa, y evitar actividades que añaden más partículas en el interior, como encender velas, freír alimentos o pasar la aspiradora sin filtro HEPA. También se aconseja revisar el índice de calidad del aire local antes de hacer ejercicio al aire libre, ya que el esfuerzo físico aumenta el volumen de aire, y de partículas, que llega a los pulmones.

Algunos grupos enfrentan mayores riesgos que otros. Las personas con asma o enfermedad pulmonar obstructiva crónica, quienes tienen afecciones cardíacas preexistentes, las embarazadas, los niños pequeños y los adultos mayores son todos más vulnerables a la exposición al humo, y en general se les aconseja ser los más cautelosos a la hora de limitar el tiempo al aire libre durante las alertas.

Para quienes buscan comprar un purificador, los expertos dicen que el modelo inteligente más caro rara vez es necesario. Las dos cifras que vale la pena revisar son el CADR frente al tamaño de la habitación, y la confirmación de que el filtro es HEPA verdadero y no un equivalente de menor calidad. Los filtros de repuesto deben cambiarse según el calendario del fabricante, ya que un filtro obstruido pierde gran parte de su capacidad, y, añaden, ningún purificador sustituye simplemente limitar el tiempo al aire libre cuando el problema es el propio aire.

Este artículo es un resumen editorial asistido por IA basado en Guardian Health. La imagen es una foto de archivo de Elena Golovchenko en Pexels.

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