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Un día como hoy: la ejecución de la familia Romanov, el 17 de julio de 1918

Wikipediahace 3 h
Una fotografía de archivo en tono sepia que evoca una residencia imperial de principios del siglo XX
Una fotografía de archivo en tono sepia que evoca una residencia imperial de principios del siglo XXPhoto: Suzy Hazelwood / Pexels

En las primeras horas del 17 de julio de 1918, Nicolás II, el último emperador de Rusia, fue fusilado junto con su esposa Alejandra, sus cinco hijos y cuatro miembros de su servicio en el sótano de la casa de un comerciante en Ekaterimburgo, en los montes Urales, poniendo un final violento a tres siglos de dinastía Romanov.

La familia había estado bajo arresto desde la abdicación de Nicolás en marzo de 1917, primero en su palacio a las afueras de Petrogrado, y luego fue trasladada progresivamente hacia el este a medida que se intensificaba la guerra civil rusa entre las fuerzas bolcheviques y sus opositores. Para la primavera de 1918, estaban confinados en una casa de Ekaterimburgo que sus guardias bolcheviques llamaban, con sombría ironía, la «Casa de Propósito Especial».

La orden de llevar a cabo el asesinato provino del sóviet regional de los Urales, cuyo comandante, Yakov Yurovski, organizó un pelotón de fusilamiento que entró en el sótano donde se había dicho a la familia que serían fotografiados por su propia seguridad ante el avance de fuerzas antibolcheviques. Los historiadores llevan mucho tiempo debatiendo cuánta autorización directa vino del liderazgo bolchevique en Moscú y cuánto reflejó la iniciativa de funcionarios locales que enfrentaban la inminente recuperación de la ciudad por tropas antibolcheviques, y el registro documental que se conserva no resuelve por completo la cuestión.

Junto a Nicolás, Alejandra y sus hijos —Olga, Tatiana, María, Anastasia y Alexéi— murieron cuatro miembros del servicio: el médico de la familia, la dama de compañía de Alejandra, un lacayo y una cocinera. Relatos de la época describen el asesinato como caótico, ya que las joyas cosidas en la ropa de los niños para ocultarlas durante su cautiverio desviaron parte de los primeros disparos y prolongaron el proceso.

Los cuerpos fueron retirados de la ciudad y eliminados en una zona boscosa, rociados con ácido y parcialmente quemados en un intento de impedir su identificación, lo que revela que los ejecutores eran conscientes de que la ubicación y el destino de los restos debían permanecer ocultos. Su ubicación no se confirmó durante décadas.

Los restos de la mayor parte de la familia fueron descubiertos cerca de Ekaterimburgo en 1979 por investigadores aficionados, aunque el hallazgo no se hizo público hasta 1991, en medio del colapso de la Unión Soviética. Las pruebas de ADN realizadas durante los años noventa y 2000, comparando muestras con las de parientes vivos, entre ellos el príncipe Felipe del Reino Unido, confirmaron la identidad de Nicolás, Alejandra y tres de sus hijas. Los restos de Alexéi y una de sus hermanas, inicialmente sin localizar, fueron hallados e identificados en 2007.

La Iglesia ortodoxa rusa canonizó a Nicolás, Alejandra y sus hijos como «portadores de la pasión» en el año 2000, una categoría que reconoce a los cristianos que enfrentaron la muerte de una manera semejante a la de Cristo, en lugar de mártires asesinados explícitamente por su fe, lo que refleja el cuidadoso encuadre histórico que la propia Iglesia hace de un asesinato de motivación fundamentalmente política y no religiosa.

El asesinato puso fin de forma definitiva a cualquier posibilidad de restauración de los Romanov y se convirtió, para las generaciones posteriores, en un símbolo del carácter irrevocable y violento de la revolución. Rumores persistentes de que uno o más de los hijos habían sobrevivido —el más célebre sobre la gran duquesa Anastasia— circularon durante décadas e inspiraron numerosas suplantaciones de identidad, todas finalmente refutadas por las pruebas documentales y genéticas descubiertas tras el colapso soviético.

Los historiadores suelen considerar la ejecución tanto como la culminación de una decisión tomada en el contexto inmediato de la guerra civil por las autoridades bolcheviques locales, como un indicador más amplio de la disposición del período revolucionario a eliminar por completo a la familia imperial en lugar de exiliarla o encarcelarla indefinidamente, un cambio que refleja la valoración de los bolcheviques sobre la amenaza militar persistente que representaban en la región las fuerzas monárquicas y antibolcheviques.

El lugar donde se encontraba la casa en la que la familia fue asesinada, demolida por las autoridades soviéticas en 1977, alberga hoy la Iglesia de la Sangre, construida a principios de la década de 2000 y dedicada a la memoria de la familia imperial, que sigue siendo un lugar de peregrinación y de continua reflexión histórica sobre uno de los asesinatos políticos más estudiados del siglo XX.

Este artículo es un resumen editorial asistido por IA basado en Wikipedia. La imagen es una foto de archivo de Suzy Hazelwood en Pexels.

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