Historia

La reformadora de la Primera Guerra Mundial que pidió a Estados Unidos acoger a los inmigrantes, y asimilarlos

Smithsonian Historyhace 2 h
Inmigrantes reunidos en un puerto a principios del siglo XX
Inmigrantes reunidos en un puerto a principios del siglo XXPhoto: Suzy Hazelwood / Pexels

A principios del siglo XX, Estados Unidos atravesaba una de las mayores oleadas migratorias de su historia. Mientras millones de recién llegados de toda Europa se instalaban en las grandes ciudades para construir una nueva vida, surgían visiones marcadamente distintas sobre cómo debía el país gestionar esa transformación.

En el centro de ese debate se encontraba Frances Kellor, una figura destacada del movimiento reformista de la era progresista. Formada en derecho y profundamente comprometida con el trabajo de reforma social, Kellor dedicó gran parte de su carrera a la cuestión de cómo debían integrarse los inmigrantes en la sociedad estadounidense.

Con el estallido de la Primera Guerra Mundial, la lealtad de la población inmigrante en Estados Unidos se convirtió en una preocupación nacional. El país se ocupaba cada vez más de la pregunta de hasta qué punto los inmigrantes procedentes de naciones europeas en guerra estaban realmente vinculados a su nuevo hogar.

En ese contexto, Kellor lideró los esfuerzos para organizar una celebración conocida como el Día de la Americanización. El evento buscaba animar a los inmigrantes a celebrar la ciudadanía estadounidense y adoptar los valores de su nuevo país.

El enfoque de Kellor, según los criterios de su época, tenía dos caras. Por un lado, subrayaba que los inmigrantes eran bienvenidos en Estados Unidos y aceptados como parte de la nación. Por otro, esa aceptación estaba implícitamente condicionada a que los inmigrantes dejaran en gran medida de lado su propia identidad cultural en favor de adoptar un estilo de vida estadounidense.

Este énfasis en la "asimilación" contrastaba claramente con el enfoque más multicultural de los debates migratorios actuales. Kellor y sus contemporáneos creían que la unidad nacional no dependía de que distintas culturas coexistieran, sino de unirse en torno a una única identidad estadounidense compartida.

Las motivaciones del movimiento no eran puramente excluyentes. Kellor también se enfrentó a grupos abiertamente antiinmigrantes, sosteniendo que los inmigrantes eran una parte valiosa de la sociedad estadounidense. Pero esa defensa se centraba en instar a los inmigrantes a ajustarse a las normas estadounidenses, más que en defender su derecho a conservar sus diferencias.

Las celebraciones del Día de la Americanización evolucionaron con los años hacia ceremonias formales organizadas en ciudades de todo el país. En esos actos públicos, los inmigrantes repetían sus juramentos de ciudadanía, a menudo con la participación de funcionarios locales y líderes comunitarios.

Los historiadores evalúan hoy el legado de Kellor desde una perspectiva compleja. Se la recuerda como una figura progresista que se opuso a los discursos abiertamente excluyentes hacia los inmigrantes, mientras defendía a la vez una visión asimilacionista que presentaba la diferencia cultural en sí misma como algo que debía disolverse.

La historia de Kellor refleja una tensión que persiste hoy: la pregunta de cómo una sociedad "da la bienvenida" a los inmigrantes sigue, igual que entonces, estrechamente ligada a la de cuánto se espera que esos inmigrantes cambien.

Este artículo es un resumen editorial asistido por IA basado en Smithsonian History. La imagen es una foto de archivo de Suzy Hazelwood en Pexels.

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