Historia

Comienza la Guerra de Corea

Vesperhace 2 h
Explore the tranquil river and lush countryside in Gyeongju, South Korea, under a partly cloudy summer sky.
Explore the tranquil river and lush countryside in Gyeongju, South Korea, under a partly cloudy summer sky.Photo: 다솔 박 / Pexels

En la madrugada del 25 de junio de 1950, la artillería y las columnas blindadas del Ejército Popular de Corea cruzaron hacia el sur el paralelo 38, la línea que dividía la península coreana desde el final de la Segunda Guerra Mundial. La ofensiva, amplia y bien coordinada, obligó en cuestión de horas a las fuerzas ligeramente equipadas de la República de Corea a replegarse en todo el frente. Lo que comenzó como un choque entre dos gobiernos coreanos rivales arrastró, en pocas semanas, a Estados Unidos, la República Popular China y una coalición de las Naciones Unidas, y se convirtió en el primer enfrentamiento armado de gran escala de la Guerra Fría.

Las raíces del conflicto se remontaban a la división de la península cinco años antes. Tras treinta y cinco años de dominio colonial japonés, que terminó en 1945, Corea quedó dividida en zonas de ocupación soviética y estadounidense a lo largo del paralelo 38, una línea concebida como frontera administrativa provisional. A medida que la Guerra Fría se endureció, las dos zonas se consolidaron como Estados rivales: la República Popular Democrática de Corea en el norte, dirigida por Kim Il-sung, y la República de Corea en el sur, bajo Syngman Rhee. Ambos líderes reclamaban toda la península, y los choques fronterizos eran frecuentes en los meses previos a la invasión.

La ofensiva inicial fue veloz. Seúl, la capital del sur, cayó el 28 de junio, y las unidades surcoreanas y los recién llegados refuerzos estadounidenses fueron empujados sin pausa hacia el sur. En agosto, los defensores solo conservaban un pequeño rectángulo de territorio en el sureste, en torno al puerto de Busan. El llamado Perímetro de Busan se sostuvo a costa de durísimos combates estivales, mientras los refuerzos y el abastecimiento llegaban por mar, ganando un tiempo que resultaría decisivo.

La respuesta internacional fue rápida. Con la ausencia del delegado soviético —que boicoteaba al organismo por negarse a dar el asiento a la República Popular China—, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó resoluciones que condenaban la invasión y autorizaban a los Estados miembros a ayudar a Corea del Sur. Se estableció un Mando de las Naciones Unidas bajo dirección estadounidense; dieciséis naciones aportaron finalmente tropas de combate, y muchas más, apoyo médico y material. Era la primera vez que la ONU sancionaba una respuesta militar colectiva ante una agresión.

En septiembre de 1950, el comandante de la ONU, el general Douglas MacArthur, lanzó un audaz desembarco anfibio muy por detrás de las líneas, en Incheon, cerca de Seúl. La operación, ejecutada pese a unas mareas difíciles, cortó las sobreextendidas líneas de suministro norcoreanas y provocó el rápido colapso de su ofensiva en el sur. Seúl fue recuperada, y las fuerzas de la ONU avanzaron al norte del paralelo 38 hacia el río Yalu, en la frontera china, abriendo la perspectiva de una Corea reunificada y no comunista.

Ese avance provocó una intervención decisiva. Tras advertir de que no toleraría fuerzas hostiles en su frontera, la República Popular China envió a cientos de miles de soldados —designados oficialmente Ejército de Voluntarios del Pueblo Chino— al otro lado del Yalu a finales de 1950. Las ofensivas masivas chinas sorprendieron a las fuerzas de la ONU y las hicieron retroceder en algunos de los combates invernales más duros de la guerra. Seúl cambió de manos por tercera vez antes de que el frente pudiera estabilizarse.

A mediados de 1951, la guerra se había estancado en un punto muerto de desgaste, aproximadamente a lo largo de la línea de división original. Las campañas móviles del primer año dieron paso a una guerra de posiciones estática, librada desde trincheras en un frente fortificado: combates por crestas y colinas que los historiadores suelen comparar con la guerra de trincheras de la Primera Guerra Mundial. Ninguno de los bandos logró una ruptura decisiva, y el costo humano aumentó mientras el mapa apenas cambiaba.

Las negociaciones del armisticio se abrieron en julio de 1951, primero en Kaesong y luego en Panmunjom, pero se prolongaron durante dos años mientras continuaban los combates. El asunto más espinoso fue la repatriación de los prisioneros de guerra: el Mando de la ONU insistió en que los soldados capturados no fueran devueltos a la fuerza contra su voluntad, un principio que el bando comunista rechazó al principio. Un acuerdo de armisticio se firmó finalmente el 27 de julio de 1953.

El saldo fue inmenso. Las estimaciones del total de muertos oscilan entre unos tres y cuatro millones, en su mayoría civiles, y buena parte de la industria, las viviendas y las infraestructuras de la península quedaron en ruinas. Millones de personas fueron desplazadas e innumerables familias quedaron separadas por el frente, una herida que perdura hoy en ambas Coreas. El armisticio detuvo los combates, pero nunca fue seguido de un tratado de paz formal, lo que dejó a los dos Estados técnicamente aún en guerra.

Las consecuencias del conflicto fueron mucho más allá de Corea. Consolidó la división de la península, afianzó la Guerra Fría en Asia oriental y cimentó una presencia militar estadounidense duradera en la región. La Zona Desmilitarizada establecida a lo largo de la línea de alto el fuego sigue siendo una de las fronteras más fortificadas del mundo, y las cuestiones sin resolver de 1953 continúan moldeando la política de la península. Más de setenta años después, el conflicto que estalló antes del amanecer del 25 de junio de 1950 todavía no ha terminado formalmente.

Este artículo es un resumen editorial asistido por IA basado en Vesper. La imagen es una foto de archivo de 다솔 박 en Pexels.

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