Historia

¿Existió alguna vez una versión original de la Odisea? Lo que realmente saben los expertos

Smithsonian Historyhace 1 h
Un relieve en cerámica griega antigua que representa una escena épica
Un relieve en cerámica griega antigua que representa una escena épicaPhoto: DIMITRI XENOS / Pexels

Pregúntele a la mayoría de la gente qué es la Odisea, y describirán un texto: un libro, atribuido a un poeta llamado Homero, que se puede tomar, leer de principio a fin y citar desde una página concreta. Ese planteamiento, tan intuitivo para cualquiera criado en una cultura construida en torno al libro impreso, resulta ocultar una pregunta genuinamente difícil con la que los clasicistas llevan siglos lidiando: ¿existió alguna vez una única versión original de la Odisea, en el sentido en que lo asumen los lectores modernos?

La evidencia material impone límites firmes a parte de la respuesta. Los fragmentos más antiguos conservados de la Odisea como texto escrito datan de aproximadamente el siglo III a. C., preservados en papiro en el Egipto helenístico, más de cuatro siglos después de la fecha de composición tradicionalmente asumida para el poema. Los manuscritos completos son medievales, copiados y recopiados por escribas a lo largo del periodo bizantino, mucho después de que la propia Antigüedad hubiera terminado. Nunca ha aparecido nada parecido a la propia mano de Homero, ni siquiera un texto plausiblemente cercano a su época, y los clasicistas no esperan que aparezca jamás.

La complicación más profunda se sitúa aún más atrás, antes de que la escritura entre siquiera en escena. La mayoría de los clasicistas acepta hoy que la historia de Odiseo circuló durante generaciones, probablemente durante siglos, como representación oral antes de fijarse jamás por escrito. La poesía épica oral de la tradición griega antigua no se memorizaba y reproducía palabra por palabra como un actor moderno podría recitar un guion; se componía de nuevo, en tiempo real, por intérpretes formados en un sistema formulario de frases hechas, patrones métricos y bloques narrativos que permitía a un poeta hábil generar sobre la marcha una representación épica coherente y métricamente correcta, distinta cada vez, contando a la vez, de forma reconocible, la misma historia subyacente.

Esta teoría oral-formularia, desarrollada y puesta a prueba de forma exhaustiva mediante el estudio comparativo de tradiciones épicas orales todavía vivas en el siglo XX, replantea por completo la cuestión de una Odisea «original». Si el poema existió durante generaciones como una tradición viva, representada oralmente, en lugar de como un texto fijo, entonces preguntar qué representación concreta fue la «real» o la «original» se parece un poco a preguntar cuál interpretación concreta de una canción popular, antes de que existiera la tecnología de grabación, era la auténtica. Cada representación era, en un sentido significativo, tanto auténtica como distinta de todas las demás.

Lo que finalmente se puso por escrito, en el momento y por quien fuera que ocurriera, representa necesariamente una instantánea: una representación, o una síntesis editorial de varias representaciones, capturada y fijada en un momento concreto, tras el cual dejó de evolucionar como lo hace de forma natural la tradición oral. Los clasicistas debaten intensamente cuándo ocurrió esa fijación, hasta qué punto la mano de un editor letrado moldeó el texto recibido en relación con la tradición oral de la que partía, y si «Homero» se refiere a un único poeta histórico, a una tradición compuesta, o a algo intermedio, pero casi ninguno sostiene que el texto escrito simplemente transcriba un original único, limpio y siempre existente.

La cuestión de la autoría añade dificultad. La tradición griega antigua atribuyó tanto la Ilíada como la Odisea a un único poeta llamado Homero, pero la erudición moderna nunca ha resuelto de forma definitiva si esa atribución refleja a un individuo histórico real, a una figura legendaria o simbólica asociada a una tradición colectiva mucho más larga, o a dos poetas completamente distintos cuyas obras se agruparon más tarde bajo un mismo nombre tradicional. El análisis lingüístico y estilístico ha encontrado diferencias reales entre ambos poemas, lo bastante significativas como para que algunos estudiosos defiendan autorías separadas, mientras que otros atribuyen esas diferencias simplemente a que los poemas se compusieron en distintos momentos de la carrera de un mismo poeta, o a que reflejan distintas tradiciones regionales de representación dentro de una misma cultura épica más amplia.

Lo que sobrevive en la Odisea escrita, sea cual sea la teoría académica que se prefiera sobre sus orígenes, es en sí mismo el producto de una larga cadena de transmisión posterior: generaciones sucesivas de editores antiguos, en particular los eruditos que trabajaron en la Biblioteca de Alejandría siglos después de los probables orígenes orales del poema, que compararon versiones manuscritas rivales, tomaron decisiones editoriales sobre qué lecturas conservar, y produjeron algo más cercano a una edición crítica estandarizada que a una simple copia neutral de un original inalterado.

Esta historia en capas significa que la versión de la Odisea que se lee hoy, en cualquier traducción, ya refleja decisiones tomadas por editores antiguos que trabajaban con tradiciones manuscritas imperfectas y a veces contradictorias, decisiones que los clasicistas modernos solo pueden reconstruir o cuestionar parcialmente utilizando variantes textuales conservadas, citas preservadas en otros autores antiguos y análisis lingüístico comparativo. El texto no es ni el manuscrito terminado de un único autor ni una transcripción sin mediación de una representación oral, sino algo más parecido a un compromiso cuidadosamente editado, ensamblado a partir de una tradición demasiado amplia y demasiado antigua como para haber tenido nunca, desde el principio, una única versión limpia.

Para los lectores modernos, nada de esta incertidumbre académica socava la coherencia o la fuerza del poema como pieza narrativa; si acaso, sostienen los clasicistas, entender la Odisea como el producto de una larga tradición oral, moldeada en capas por toda una comunidad, en lugar de como la inspiración privada de un único autor, hace que la perdurabilidad del poema resulte más notable, no menos. Una historia moldeada y remodelada por generaciones de intérpretes antes incluso de ponerse por escrito, refinada a través de siglos de reelaboración antes de que una sola línea quedara fijada en papiro, tuvo que funcionar ante público tras público para sobrevivir siquiera a ese proceso.

Preguntarse si Homero reconocería, o aprobaría, la versión que encuentran los lectores modernos resulta, vista así, una pregunta un tanto mal planteada. La Odisea que existe hoy no es la corrupción de un original perdido y más auténtico; es aquello en lo que una larga tradición oral, refinada por generaciones de intérpretes y luego moldeada por generaciones de editores antiguos, acabó convirtiéndose. Es posible que nunca haya existido un único «original» con el que compararla.

Este artículo es un resumen editorial asistido por IA basado en Smithsonian History. La imagen es una foto de archivo de DIMITRI XENOS en Pexels.

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