Historia

Un día como hoy: estalla el Gran Incendio de Roma en el año 64 d. C.

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Ruinas y columnas de la antigua Roma al atardecer
Ruinas y columnas de la antigua Roma al atardecerPhoto: Horia Horobeanu / Pexels

En la noche del 19 de julio del año 64 d. C., estalló un incendio entre las tiendas que rodeaban el Circo Máximo de Roma. Avivadas por el viento, las llamas se propagaron rápidamente y ardieron durante seis días; algunas fuentes antiguas describen una breve tregua seguida de un segundo rebrote. Según el historiador romano Tácito, de los catorce distritos de la ciudad, solo cuatro escaparon por completo a los daños, mientras que tres quedaron reducidos a cenizas.

Incluso en las fuentes antiguas que han llegado hasta nosotros, la causa exacta del incendio sigue sin estar clara. El propio Tácito escribió que no se sabía con certeza si el fuego comenzó por accidente o fue provocado deliberadamente, una cuestión que los historiadores modernos aún debaten. Algunos investigadores sostienen que los edificios de madera densamente agrupados de Roma, sus calles estrechas y el calor del verano bastaban por sí solos para que un incendio accidental se convirtiera en catástrofe.

En el momento del incendio, el emperador Nerón se encontraba lejos de la ciudad, en su villa de Antium (la actual Anzio). Las fuentes antiguas relatan que regresó a Roma en cuanto se enteró del desastre, organizó las labores de extinción y abrió los jardines de su propio palacio para dar cobijo a quienes se habían quedado sin techo.

A pesar de ello, la leyenda de que Nerón contempló la catástrofe tocando un instrumento musical ha dejado una huella profunda en la memoria popular. Los historiadores subrayan que esa afirmación es históricamente imposible tal como se cuenta habitualmente: el violín aún no se había inventado en el siglo I d. C.; ese instrumento no surgiría hasta el Renacimiento. Aunque algunas fuentes antiguas afirman que Nerón tocaba una lira, ese propio relato podría deber mucho a la propaganda política difundida por sus enemigos tras su muerte.

Los historiadores modernos rastrean el origen de esta leyenda hasta las dinastías que sucedieron a Nerón, que tenían motivos para ensombrecer su imagen. Las obras de autores como Tácito y Suetonio se escribieron bajo la influencia de los enemigos políticos de Nerón, y los historiadores tratan la imparcialidad de estas fuentes con cautela.

Uno de los aspectos más controvertidos del incendio es la acusación, presente en algunas fuentes antiguas, de que Nerón se benefició personalmente de la reconstrucción, en particular mediante la construcción de su vasto complejo palaciego, la Domus Aurea, sobre terrenos despejados por el fuego. Los historiadores señalan que esta acusación también podría ser en parte un cargo de motivación política, aunque observan que el programa de reconstrucción de Nerón introdujo de hecho regulaciones eficaces de seguridad en la construcción: calles más anchas, materiales resistentes al fuego obligatorios y límites en la altura de los edificios.

Según algunas fuentes antiguas, Nerón desvió la culpa del incendio hacia la pequeña comunidad cristiana de Roma, desencadenando lo que se registra como una de las primeras grandes persecuciones de cristianos en la historia. Aunque los historiadores coinciden en general en la base histórica de este episodio, la magnitud de la persecución y el grado en que Nerón la dirigió personalmente siguen siendo objeto de debate académico.

Los rastros físicos del incendio también se han confirmado mediante la arqueología moderna; se han hallado en varias zonas de Roma capas de escombros quemados datadas en el siglo I d. C., que respaldan en gran medida la magnitud de la destrucción descrita por Tácito.

El gran incendio se considera ampliamente un punto de inflexión en la historia del urbanismo de la Roma antigua; las regulaciones introducidas durante la reconstrucción moldearon la arquitectura imperial romana durante siglos.

Más de dos mil años después, el Gran Incendio de Roma se estudia tanto como una catástrofe histórica como un llamativo caso de estudio sobre cómo el poder puede ser narrado y reescrito, un recordatorio de que el legado de un emperador se moldea tanto por sus propios actos como por la pluma de sus enemigos.

Este artículo es un resumen editorial asistido por IA basado en Wikipedia. La imagen es una foto de archivo de Horia Horobeanu en Pexels.

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