Armisticio de Corea: por qué la tregua de 1953 sigue dividiendo el país

El 27 de julio de 1953, representantes militares reunidos en la aldea de Panmunjom firmaron el Armisticio de Corea, poniendo fin a tres años de combates en la península coreana. El documento silenció las armas, pero no puso fin, ni entonces ni en la actualidad, a la Guerra de Corea de forma oficial.
La guerra había comenzado en junio de 1950, cuando las fuerzas norcoreanas cruzaron el paralelo 38 e invadieron Corea del Sur, lo que llevó a un Mando de las Naciones Unidas liderado por Estados Unidos a intervenir junto a las tropas surcoreanas. China entró en el conflicto ese mismo año del lado de Corea del Norte, enviando un numeroso contingente conocido como los voluntarios del pueblo chino. Hacia 1951, tras espectaculares avances y retrocesos a lo largo de la península, el frente se había estabilizado aproximadamente en la línea divisoria original, lo que abrió paso a una negociación larga y difícil en lugar de una victoria militar decisiva para cualquiera de los dos bandos.
Las conversaciones de armisticio se iniciaron en Kaesong en julio de 1951 y luego se trasladaron a Panmunjom, prolongándose durante dos años en torno a cuestiones como el trazado exacto de una nueva línea de demarcación y, sobre todo, el destino de los prisioneros de guerra que no deseaban ser repatriados a sus países de origen.
El acuerdo fue firmado por el teniente general William K. Harrison Jr., del ejército estadounidense, en representación del Mando de las Naciones Unidas, y por el general norcoreano Nam Il, en representación del Ejército Popular de Corea y de los voluntarios del pueblo chino. El presidente surcoreano Syngman Rhee se negó a firmar, al oponerse a cualquier acuerdo que dejara la península dividida.
El armisticio estableció una línea de demarcación militar cercana al paralelo 38 y creó, a ambos lados de esta, una franja de separación de unos cuatro kilómetros de ancho, conocida como Zona Desmilitarizada, o DMZ. También creó la Comisión de Armisticio Militar, integrada por representantes de ambos bandos, encargada de supervisar la tregua, investigar posibles violaciones y ofrecer un canal de comunicación directo entre dos ejércitos que apenas tenían otro.
Un proceso aparte, conocido más tarde como la Operación Big Switch, gestionó el intercambio de prisioneros de guerra. Se creó una Comisión de Repatriación de Naciones Neutrales, con la India desempeñando un papel destacado, para atender los casos de los prisioneros que rechazaban la repatriación, un elemento inusual y muy vigilado del acuerdo.
Un punto esencial: el acuerdo de 1953 es un alto el fuego entre mandos militares, no un tratado de paz entre gobiernos. Nunca lo siguió un tratado de paz formal, lo que significa que, en sentido estrictamente jurídico, Corea del Norte y Corea del Sur siguen, más de setenta años después, en un estado de guerra no concluido.
Desde entonces, la DMZ se ha convertido en una de las fronteras más fortificadas del mundo, sembrada de campos minados, puestos de vigilancia y alambradas pese a su nombre. Los periodos de tensión a lo largo de esta línea han puesto a prueba la tregua en repetidas ocasiones sin llegar a romperla formalmente, y ambos gobiernos han utilizado el aniversario para reforzar relatos muy distintos sobre la guerra. Corea del Norte conmemora cada 27 de julio como el «Día de la Victoria», una fiesta oficial presentada como un triunfo sobre Estados Unidos y sus aliados.
Las iniciativas diplomáticas para pasar del armisticio a la paz han resurgido periódicamente. La más conocida es quizá la Declaración de Panmunjom de 2018, firmada por el presidente surcoreano Moon Jae-in y el líder norcoreano Kim Jong Un en la misma aldea fronteriza, en la que ambas partes se comprometieron a proseguir las conversaciones hacia un régimen de paz permanente y, eventualmente, un final oficial de la guerra. Hasta la fecha, ninguna de estas iniciativas ha desembocado en un tratado de paz firmado.
Más de setenta años después de que las armas callaran, el Armisticio de Corea sigue siendo el único documento jurídico que rige este conflicto, un recordatorio de que una tregua pensada como provisional puede acabar durando, generaciones enteras, más que la guerra que interrumpió.
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