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¿De verdad un monje volador medieval vio dos veces el cometa Halley? Qué dice la ciencia

Ars Technicahace 7 h
Un débil rastro de cometa en un cielo nocturno sobre el campo
Un débil rastro de cometa en un cielo nocturno sobre el campoPhoto: Enrico Bellodi / Pexels

Eilmer de Malmesbury fue un monje benedictino del siglo XI en Inglaterra, recordado por los historiadores sobre todo por un experimento audaz: amarrarse alas y tratar de volar desde la torre de la Abadía de Malmesbury. El relato dice que planeó cientos de metros antes de romperse las piernas en el aterrizaje y pasar el resto de su vida en la abadía. Pero una nueva revisión histórica que recoge Ars Technica plantea que otro detalle merece atención: la posibilidad de que viera el mismo cometa dos veces, con unos 76 años de distancia.

El cometa es el que hoy llamamos 1P/Halley. En una órbita periódica, Halley pasa cerca del Sol cada 76 años aproximadamente. Hay registros que sugieren que Eilmer, de niño, observó en 989 un objeto brillante en el cielo nocturno. En 1066, ya monje adulto, vuelve a ser citado como testigo de un cometa, en fuentes que van del Tapiz de Bayeux a la crónica de Guillermo de Malmesbury. Que una misma persona observara dos veces el mismo cometa sería un episodio raro en la historia conocida de la astronomía.

El punto de apoyo histórico de la idea es la obra del siglo XII de Guillermo de Malmesbury, "Gesta Regum Anglorum". El texto dice que Eilmer observó el cometa de 1066 y recordó haber visto, de joven, "una llama semejante". Para un lector moderno, la frase encaja con el cometa de 989. Pero Guillermo escribe tras la muerte de Eilmer y se apoya en otros relatos monásticos.

La nueva revisión subraya esa debilidad. Primero, no es seguro que el objeto visto en 989 fuera Halley; los registros astronómicos chinos y coreanos de la época mencionan otros cometas. Segundo, la expresión "llama semejante" de Guillermo se lee como un eco literario, no como una comparación astronómica moderna. Tercero, no se puede confirmar de modo concluyente, con los documentos que sobreviven, que Eilmer hubiera nacido para 989 y tuviera edad de observar.

Otra capa interesante son las palabras atribuidas a Eilmer. Según Guillermo, al ver el cometa de 1066 lo interpretó como "un mal presagio para Inglaterra". Ese mismo año Guillermo el Conquistador desembarca y termina el reino anglosajón. La lectura abre una ventana clara sobre por qué los cometas se leían en la Europa medieval como anuncios de desgracia.

Entender cómo se percibían los objetos celestes en la Edad Media es parte del valor del relato. Mucho antes de la revolución científica, los cometas se interpretaban en clave religiosa. El cálculo por Edmond Halley en el siglo XVIII de la órbita convirtió al objeto en un acontecimiento celeste predecible.

La generación que vio a Halley en 1986 espera ahora su regreso en 2061. El ciclo de 76 años hace plausible que una sola vida moderna se cruce dos veces con el mismo cuerpo: alguien de 10 años en 1986 tendría 85 en 2061 — alcanzable estadísticamente, pero raro.

El mensaje más amplio de la historia de Eilmer mantiene su valor pese a la falta de pruebas. La idea de que una sola persona pueda, en una vida larga, observar dos veces el mismo objeto celeste subraya la escala compartida entre el cielo y la vida humana. También invita a un escepticismo sano sobre la fiabilidad de las fuentes medievales como datos astronómicos.

La verdad quizá sea irrecuperable, pero la historia funciona en lo literario y lo científico: mirar las estrellas también es leer nuestra propia historia. Las dos miradas hacia arriba de Eilmer, aunque no verificables, recuerdan la continuidad de la humanidad bajo un mismo cielo.

Este artículo es un resumen editorial asistido por IA basado en Ars Technica. La imagen es una foto de archivo de Enrico Bellodi en Pexels.

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