Historia

El ataque de Bear River de 1863 y el esfuerzo shoshón por restaurar el lugar

Smithsonian Historyhace 51 min
Un río serpenteando por un paisaje de valle cubierto de nieve
Un río serpenteando por un paisaje de valle cubierto de nievePhoto: Barnabas Davoti / Pexels

En el frío previo al amanecer del 29 de enero de 1863, unos 200 soldados de caballería voluntarios del Ejército de Estados Unidos, bajo el mando del coronel Patrick Connor, atacaron un campamento de invierno de shoshones del noroeste junto al río Bear, cerca de la actual Preston, en Idaho. Cuando terminaron los combates, los historiadores estiman que entre 250 y 500 hombres, mujeres y niños shoshones habían muerto, lo que convierte a este ataque, según la mayoría de los relatos académicos, en el asalto en un solo día más mortífero contra una comunidad nativa americana en la historia de Estados Unidos.

El campamento, conocido por los shoshones como Boa Ogoi, había servido durante generaciones como lugar de reunión invernal, elegido por sus aguas termales naturales y su posición resguardada junto al río. En los años previos a 1863, las tensiones entre las bandas shoshonas y el número creciente de colonos, mineros y personal del Ejército estadounidense que se desplazaban por la región se habían intensificado, alimentadas por disputas sobre tierras, recursos y una serie de incidentes violentos por ambas partes que el Ejército citó como justificación de la expedición.

Los relatos del ataque, extraídos tanto de los propios informes de los soldados como de la tradición oral shoshón transmitida de generación en generación, describen combates que comenzaron como un enfrentamiento militar organizado y degeneraron en lo que muchos historiadores califican de masacre, con soldados matando a no combatientes, incluidos mujeres, niños y ancianos, mucho después de que hubiera terminado toda resistencia shoshón organizada. El propio informe oficial de Connor a sus superiores describía el campamento como efectivamente destruido.

A pesar de la magnitud de las víctimas, el ataque de Bear River recibió relativamente poca atención en la memoria histórica estadounidense durante más de un siglo, eclipsado en el relato nacional por las batallas de la Guerra Civil que ocurrían simultáneamente y por conflictos posteriores, mejor documentados, entre el Ejército estadounidense y las naciones nativas americanas en las décadas siguientes, incluidos episodios como la masacre de Wounded Knee de 1890, que durante mucho tiempo recibió considerablemente más atención académica y pública pese a un número de muertos menor.

Los historiadores atribuyen este desequilibrio histórico en parte al momento en que ocurrió el ataque —durante la Guerra Civil, cuando la atención nacional se centraba abrumadoramente en el conflicto entre las fuerzas de la Unión y la Confederación— y en parte a la relativa ausencia, durante muchas décadas, de voces shoshonas en la forma en que se documentó, enseñó y conmemoró el suceso, ya que los primeros relatos se basaban casi exclusivamente en registros militares que enmarcaban el encuentro de manera favorable al Ejército.

En las últimas décadas, la Banda del Noroeste de la Nación Shoshón ha trabajado para cambiar cómo se presentan el lugar y su historia, adquiriendo terrenos en el sitio y colaborando con historiadores, ecólogos y sus propios miembros tribales para desarrollar un relato público más completo de lo ocurrido, incorporando las tradiciones orales mantenidas dentro de las familias shoshonas durante generaciones junto con el registro documental.

El esfuerzo de restauración en curso en el lugar va más allá de la interpretación histórica y se extiende al trabajo ecológico, con la tribu emprendiendo proyectos para devolver la tierra a un estado más cercano al anterior a 1863: eliminando vegetación invasora, restaurando especies vegetales nativas y rehabilitando el corredor fluvial, presentados por los líderes tribales como una forma de honrar a los antepasados devolviendo la salud no solo al relato histórico, sino a la propia tierra.

Un líder tribal implicado en la restauración describió el objetivo del proyecto como devolver «el equilibrio a la naturaleza» en el lugar, un planteamiento que sitúa el trabajo de restauración ecológica como inseparable del significado histórico y espiritual que el lugar tiene para el pueblo shoshón, en lugar de tratar la rehabilitación de la tierra y la memoria histórica como empeños separados.

El lugar fue declarado Monumento Histórico Nacional hace décadas, aunque la tribu y los historiadores implicados en el esfuerzo de restauración actual han señalado que ese reconocimiento federal, por sí solo, no se tradujo ni en una comprensión pública adecuada de la magnitud del suceso ni en un control tribal sobre cómo se gestionaba e interpretaba el propio lugar, lo que motivó el trabajo de restauración más reciente, liderado por la tribu.

Los académicos que estudian hoy este suceso suelen situarlo dentro del patrón más amplio y documentado de violencia que caracterizó la política del gobierno y el ejército estadounidenses hacia las naciones nativas americanas durante la expansión hacia el oeste en el siglo XIX, al tiempo que subrayan que la magnitud del ataque de Bear River y, durante gran parte de la historia estadounidense, su relativa oscuridad histórica lo convierten en un caso de estudio especialmente revelador de cómo la memoria nacional ha registrado y enseñado este periodo de forma selectiva.

Este artículo es un resumen editorial asistido por IA basado en Smithsonian History. La imagen es una foto de archivo de Barnabas Davoti en Pexels.

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